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31 de mayo de 2012

CAMINOS DE CHILE.

RUMBO A MENDOZA CRUZANDO LA CORDILLERA DE LOS ANDES. Naturaleza de pura roca y minerales que bañan todo de colores, menos el verde que está ausente. No crece una sola planta, no veo esas araucarias milenarias comunes al otro lado de los Andes, que crecen hasta la misma orilla del mar de Chile. Sin embargo, el clima lo diría más cálido acá. El camino de asfalto violento rodea la montaña que subo, a mi izquierda las alturas fenomenales y a la derecha el precipicio mayor, más allá todo es vacío e inquieta. Dicen que Dios mora en el vacío absoluto, y con esta cercanía del cielo no dudo en que también aquí vive. Pronto el esquí nos tendrá olvidados, ahora veo tierra pronta a blanquear con la nieve, que comienza a cubrir todo de blanco a medida que subimos. Se aparecen como reliquias hileras de árboles, pinos, y una enorme explanada, pura piedra milenaria a manera de cuna en la cordillera, vemos un cementerio indígena, restos de tumbas con lápidas de colores separadas por tierra roja de arcilla reseca, no hay flores ni un ave, sin embargo las enormes plumas y aquí o allá restos de huesos, anuncian que el sitio es refugio de cóndores. Con profundo respeto, nos detenemos en el sitio, cruzamos carcomidas señales con alambres de púas mohosos, lápidas quebradas, cruces tiradas... no hay fechas, época o circunstancias, puro misterio. Sólo el silbido del viento rompe el silencio espectral. Seguimos camino a lo alto, en la distancia abajo, un minuto, ahora puedo divisar los verdes campos mendocinos, de pura parra y uvas, que parecen tan cercanos. He vuelto a perderlos, y ya no los recupero. El camino bien señalizado nos lleva a la hostería de Potrerillo, que tiene todo preparado para el jolgorio nevado. Caminando por la tierra nevada doy gracias a Dios por este instante de pura paz en la cordillera. (c)Waldemar Verdugo Fuentes.

VECINOS DE SANTIAGO DE CHILE

(Fragmento) La primera vez que fui a buscar a Don Tano, en el camino me envolvió una tormenta horrible: la tierra se oscureció, cayeron truenos y me detuvo un relámpago que volvió azul la luz del día en medio de un estruendo que retumbó en toda la cordillera a mi alrededor. Unos niños en bicicleta que se dirigían a su escuela me animaron a salir del auto, quienes me indicaron el camino que debía seguir subiendo la cordillera, eso hizo que me encontrara a Don Tano estacionando su fuerte camioneta en cierto lugar del camino. Me detuve a la vera junto a él y no me preguntó hacia donde me dirigía, solo le dije que lo buscaba. Me recibió amablemente en su casa. De pelo completamente blanco y barba cuidada, su mirada es penetrante. Cuando ríe a la menor provocación toda su persona irradia una sensación de paz e inocencia contagiosa. Parece estar completamente en paz consigo mismo y provoca su cercanía una sensación de confianza. Vive en una casa de ladrillos rojos, en una pequeña loma sobre unas rocas salientes de la cordillera desde cuya ubicación tiene una vista bellísima de Santiago brotando de las rocas como una manta iluminada. Es su esposa una mujer cordial ya entrada en años, atractiva en su madurez que solo delata incontables arrugas finísimas que le nacen de los ojos en dirección lateral. Las mismas arrugas que Don Tano muestra. En Santiago, los oficios entre las gentes antiguas están condicionados a sus linajes. Entre esos linajes está el de los Trabajadores del Tiempo, que se dedican al manejo de las condiciones atmosféricas, con el fin de evitar que tormentas, granizadas o heladas destruyan los sembradíos de las comunidades que protegen o hasta lleguen a destruir la ciudad. Don Tano es uno de los mayores del linaje de Trabajadores del Tiempo. Para él, la realidad se divide en dos grandes secciones: la del mundo visible y la del mundo invisible. El mundo visible es la realidad de los objetos, de los cuerpos y de las condiciones físicas y materiales. El mundo invisible, en cambio, es la realidad de los seres que viven en el aire, que abarca lo desconocido. Según él, cualquiera puede entrar en contacto con los Trabajadores del Tiempo si es escogido para ello. La manifestación de la elección consiste en la caída de un rayo en el cuerpo del candidato y la supervivencia del mismo. Así, Don Tano fue herido por un rayo hace mucho tiempo; un rayo puede acabar lo mismo a mortales e inmortales porque es enviado de Dios, una experiencia terrible tras la cual Don Tano se convirtió en manejador del tiempo atmosférico, lo que convierte a su linaje también en curanderos pues es sabido que las enfermedades se pueden curar mejor en ciertas épocas que en otras. Como tal, él se dedica a ayudar a los miembros de la comunidad que así le solicitan. Es guía de un grupo de discípulos que lo visitan. Una vez al año, el 5 de mayo, Don Tano, junto con los miembros mayores de su linaje y sus discípulos, realizan una ceremonia en la cueva del Cerro del Plomo, donde piden poder para enfrentar las tormentas y las granizadas y otras calamidades atmosféricas con éxito. Su vida cotidiana transcurre como campesino de la zona central chilena, dedicado al cuidado de su campito, su huerto, de sus animales y de su hogar. Con varios hijos, afirma que su labor está equilibrada sin roces con su vida como marido, padre y abuelo. La primera vez en su hogar, Don Tano me invitó a pasar a un cuarto ubicado fuera de la casa: el lugar central lo ocupa una mesa redonda al centro con un tiesto de vidrio relleno de agua cristalina, otro tiesto de cristal semejante vacío y unos vasos muy limpios semi tapados con un pañuelo blanco. En el centro de la mesa, en una palmatoria amplia de barro, su veladora encendida de noches, para mantener la conexión entre el mundo visible y el oculto. Me invitó a ocupar una silla, él siempre para oxigenarla trasvasija agua del jarro lleno al jarro vacío dos o tres veces antes de servir un vaso de agua y servirse otro para él mismo, mientras preguntaba por mi origen y lugar de residencia, y sonriendo abiertamente me cuestionó: “¿Qué se te ofrece?” Me sentí obligado a explicar mis intenciones. Le platiqué de mi trabajo y mi convicción acerca del tiempo único e irrepetible, de que siendo él un manejador del tiempo atmosférico, y siendo todo uno, quizás acercarme a su conocimiento me permitiría aprender a manejar mejor mi propio tiempo. Al final, bajando la voz, le dije: -En verdad ando en búsqueda de conocimiento, y creo que el uso del tiempo de nuestra vida es una puerta de acceso, y siendo usted gente que conoce... -El riesgo es alto cuando se quiere conocer -respondió, cambiando abruptamente el tono suave de su voz a uno recio y marcado-. La gente del tiempo, de quienes yo aprendo cada día, porque nadie nace sabiendo, es muy dura pues donde están no existen caminos. -Creo oírlo mal: ¿usted habla de gente del tiempo y menciona un lugar en el cual habitan? -Yo sé de qué hablo, amigo. Yo viví con ellos tres años y no es fácil. -¿Tres años? -pregunté admirado, y halagado de ser nombrado “amigo”. -Sí pues -me respondió sonriendo de nuevo, adquiriendo una expresión de seriedad mezclada con cierta ironía-. Estuve tres años con ellos y me enseñaron lo que es el tiempo; aprendí que todas las cosas nos son ajenas: sólo el tiempo es nuestro. Aprendí que el tiempo no puede detenerse, que no son prudentes los retornos, y que sólo los soñadores creen en posibles atajos. Supe que nunca nadie tendrá bastante con su tiempo. ¿Estás de acuerdo? -Por supuesto -dije decidido-. El tiempo patea mi puerta con botas puestas. Cada día es un golpe terrible, cada hora es un golpe, cada minuto es un golpe... cada día, cada hora, cada minuto somos menos eternos -dije dramático, y continué-... con menos amaneceres para ver, menos primaveras que gozar, menos bocas que besar, menos instantes para creer... quiero aprender a privilegiar para pasar mi tiempo. -No te preocupes que el tiempo pasa solo, aunque no hagas nada. Aquí no se trata de “pasar” el tiempo, sólo de utilizarlo adecuadamente, que si uno lo piensa bien, es el único empleo de la vida. Por supuesto que hay formas de vencer al tiempo: por ejemplo, las obras de arte y las obras sociales sirven para perdurar más allá del tiempo. Aunque para mortales e inmortales existe un tiempo marcado que no se necesita vencer porque siempre él termina por matar a unos y otros: a todos el tiempo se nos va al final en un instante. Lo único miserable de esta vida no es la falta de comida, o la falta de habitación o de vestuario: la única desgracia humana es el tiempo limitado que vivimos. Es cierto que algunos pueden vivir unos cientos de años más que otros, pero nunca se sabe el destino de cada cuál. Por eso te decía que nadie tiene bastante con su tiempo, y estuvimos de acuerdo. Ahora te digo: es esencial un pacto con el tiempo de nuestra vida, porque, te repito, es lo único que tenemos, todo lo otro nos es ajeno. En ti veo entusiasmo y fe en la existencia de algo que no sabes, eso es todo lo que necesitas. Ahora quiero saber cuáles son tus intenciones personales para adentrarte en el conocimiento del tiempo. -Usted se dedica a informar los momentos propicios atmosféricos para las siembras, hace llover y sacia la sed. Yo también quiero ser útil en la medida en que comparto con otros lo que voy aprendiendo. Eso nada más es mi intención: aprender para decir a quien quiera escuchar. Y en este caso particular de mi interés por el tiempo, hay un desafío particular porque, según sé, es un camino que se debe seguir solo, sin un alma al lado. -Dices bien. Veo que no hay nada malo en lo que hablas. Debes saber de inmediato que el tiempo sólo lo puedes explorar en espíritu, pero no en cuerpo. El tiempo puede detenerse, acelerarse o retardarse, pero nadie puede viajar con su cuerpo en él. Lo más cercano para saber lo que fue y será son los oráculos, como el de Cartagena. También aquí cerca existe una laguna entre las rocas cercanas que contiene en sus aguas señales de acontecimientos futuros: dependiendo de la coloración del agua y de su nivel, se puede saber cuando es posible de consultar, pero esta laguna está vedada a cualquiera, sin embargo te mostraré algo. Pidió que lo siguiera, salimos de la habitación y tras caminar un trecho en subida a los Andes, nos encontramos en una pequeña explanada rodeada por campos de labranza a orillas del río Maipo. Me indicó detenernos junto a un árbol milenario dañado y quemado por un rayo estando él ahí mismo, prueba de cuando fue él aceptado como trabajador en el oficio de controlar las tormentas y granizos, el viento y las lluvias. Allí mismo comenzó a escribir con su dedo índice palabras en mi frente: “Aquí en tu frente escritas mis palabras nunca se pueden perder o ser olvidadas... Creo que puedo hacer algo por ti. Convocaré a las gentes del tiempo y les diré que quieres saber de ellos”. En ese preciso instante el cielo se oscureció y como un soplo, se apareció el relámpago rompiendo la oscuridad. De inmediato el cielo se aclaró. Dijo él: -Quien tiene el poder de romper la oscuridad se llama Lufke, el relámpago, nunca le temas aunque su voz sea terrible. Es mensajero de Wenuleufu, la Vía Láctea bienhechora de la Tierra. Presiento ahora que tu viaje de regreso será placentero. Vuelve mañana a esta hora. Llegué a la hora convenida. La esposa de Don Tano me indicó que el hombre me esperaba en el mismo lugar donde nos habíamos separado. Al saludarme me abrazó aspirando con su nariz el lado derecho de mi cabeza, primero, y luego el lado izquierdo, que es una forma de limpiar al que llega de sus intenciones, luego soplando suavemente para animar como bienvenida. Dijo de inmediato: -Todo fue bien, las gentes del tiempo dicen que no tienen problemas en enseñarte si tu quieres aprender. Hablamos muchas horas a orillas de las aguas del Maipo, junto al árbol quemado por el rayo, recordó cuando días después del hecho mientras cuidaba sus vacas pastando más abajo entre las rocas, Don Tano vio una esfera multicolor que se le aproximaba. Por reflejo, al intentar detenerla con sus brazos extendidos hacia ella, perdió el sentido. Al recuperarse, solo, una hora después aliviado por la brisa con agua del río que en su rostro caía, fría, animándolo, supo que había sido herido por un rayo. Regresó a su casa y su esposa se sorprendió por su olor a quemado y su cabello chamuscado. A los ocho días, estando de nuevo en el campo, comenzó a ver unos seres iguales a nosotros que lo llamaban y habían salido de una cueva más arriba en la cordillera. Al día siguiente dejó de comer y empezó a perder interés en la vida cotidiana. Asustada, su esposa intentó sanarlo sin éxito, ni los hombres o mujeres de conocimiento que quisieron ayudarlo ni la medicina oficial pudieron hacer algo por él, quien poco a poco empezó a entrar en estado de coma y así se mantuvo durante tres años. El cuenta que mientras su cuerpo se mantenía inconsciente y alimentado artificialmente, su espíritu estaba despierto y recibiendo enseñanza, la cual le era otorgada por las gentes del tiempo, que eran las mismas gentes que habían salido de la cueva, a la que él, en su sueño consciente, se dirigió siguiéndoles para aprender cosas del oficio de mantener el equilibrio atmosférico del Planeta. Durante el primero año viajó Don Tano con los Trabajadores del Tiempo a todo lo largo y ancho de la Tierra, trasladándose por los caminos interiores de nuestro planeta cóncavo, mientras le enseñaban cómo controlar las tormentas, diluir los granizos y someter al relámpago. Durante el segundo año, fue entrenado para reconocer yerbas medicinales y recibió instrucciones técnicas de su uso según las propiedades atmosféricas. Las gentes del tiempo son muy diferentes entre sí, cada uno representa un estado de conciencia, y Don Tano cultivó inmediata amistad con Ligua Waldo, que tenía la capacidad de estar en el Ser o centro de la conciencia mágica en la tierra. Ambos, a su vez, dirigidos por el Primer Trabajador del Tiempo que los guió y es el encargado de su desarrollo, indicando las funciones de trabajo de cada cual dentro de los problemas del tiempo. Ligua Waldo estaba conectado con las fuerzas mágicas de la cordillera. Dijo Don Tano: -Yo confío más en lo que veo o mi cuerpo siente, la materia de mi trabajo son los fenómenos atmosféricos. Ligua Waldo, en cambio, vive inmerso en la materia de que están hechos los sueños: él es un adivino, un “ligua”; su oficio es adivinar en esferas de rocas, trabajo que practicaba en los sitios donde fuimos llegando en nuestro proceso de adiestramiento y nos permitía comer a ambos. Es un buen amigo que conocerás este Año Nuevo. Ligua Waldo relaciona el origen de su conocimiento con la existencia de duendes que viven en la cordillera, con los que se comunica; un día me dijo: "Los duendes me han enseñado todo lo que sé y me comunico con ellos utilizando unas esferas que ellos han depositado en lugares estratégicos, las que se pueden encontrar dependiendo de si el uso que se va a hacer de ellas es el adecuado". Contó que en una ocasión, estando en su huerta trabajando, encontró un conjunto de esferas transparentes que él sabía que pertenecían a este origen mágico. Las guardó, pero nunca se atrevió a usarlas, inclusive las regaló al río Maipo lanzándolas a sus aguas por considerar que él no estaba capacitado para utilizarlas. Después de un tiempo, también mientras trabajaba en su huerto, volvió a encontrar otra esfera transparente, en la cual, enfrentada al sol, se vio a sí mismo dentro de ella, y entonces decidió que definitivamente había sido elegido para convertirse en gente de conocimiento. A partir de ese momento aprendió a utilizar las esferas y le pidió a los duendes que le ayudaran en su labor. En los Andes que cobijan la ciudad de Santiago, existe toda una concepción acerca de la existencia de seres que viven al interior de los montes sagrados y salen al exterior por túneles o bocas de cuevas naturales entre la roca andina, siendo algunos iguales a nosotros y los más de cabeza grande y cuerpo pequeño, habitantes de la región subterránea conocida como Anchimallén mapu, “tierra de la gente pequeña”, cuyos vecinos son descritos acusando su presencia emitiendo una radiante luminosidad como si se tratara de una centella, dejando a su paso las pequeñas esferas de piedra tan pulidas que parecen tener luz propia. Los primeros cronistas españoles los asimilaron con los duendes, describiéndolos también como un ser con la forma de un enano de sexo indeterminado, con la altura y grosor de un niño radiante de pocos meses. Debido a su característica lumínica, los chilenos antiguos también utilizan esta palabra para referirse a Kuyen, el espíritu que representa a la Luna, la esposa de Antu, el Sol, que reina en la noche cuando actúa el Anchimallén, este pequeño ser sabio y poderoso, que se comunica con gente muy especial para enseñarles ciertas artes como las curativas. Dice Don Tano: “Sea lo que fuere, afirma Ligua Waldo que los duendes se comunican con él y son quienes le ayudan en su trabajo.” Al tercer año, el Primer Trabajador indicó a Don Tano y Ligua Waldo que deben continuar solos, habiéndose cumplido su obra entre los trabajadores guías: ambos amigos se abrazaron y, no sin poco pesar, se separaron en una bifurcación de caminos, y otra volvería a reencontrarlos años después, entre tanto, Don Tano llegó a un valle magnífico en el centro del cual se encontraba el Primer Trabajador. Este lo recibió y felicitó por haber llegado tan lejos en su desarrollo. Luego le indicó una vereda. Don Tano se enfiló por ella y llegó a tres montañas, más allá de las cuales ya no existía camino. En ese paraje, recibió su última iniciación, la cual consistió en aprender a utilizar lo que había aprendido en beneficio de la humanidad de su comarca. Y hasta la fecha Don Tano hizo lo que se le solicitó, pudiendo negarse: -¡Yo estuve a punto de negarme a volver aquí a la Tierra despierta!, como se dice, al final que estaba inconsciente entonces, y pensaba que estaba tan bien entre las gentes del tiempo que esta vida era semejante a la muerte, pero ¿qué iba a hacer? ¿cómo iba a negarme a volver si quien lo pedía era el Primer Trabajador?, y luego dijo: “Nada te debe hacer caer y con la ayuda de Dios todo se arregla”. Me convencí y desperté de nuevo conciente. Para Don Tano, los dos niveles de realidad, la realidad visible y física que nos da nuestro cuerpo humano, y la realidad habitada por seres espirituales y por acontecimientos, sólo pueden ser detectadas si se posee la capacidad adecuada. Para él, el desarrollo humano implica la expansión de la conciencia y la capacidad de detectar estos acontecimientos que ocurren tanto en la realidad de la vida cotidiana como en el mundo del cielo. El propósito de la vida humana consistiría en acrecentar la conciencia de “ser”. El desarrollo, sería, enfilar la voluntad y concentrar la atención en el logro de una conciencia de ser, cada vez mayor. Según Don Tano, la realidad resulta de un proceso muy complicado, en el cual se produce una alineación entre dos sistemas de emanaciones de la conciencia. Para su linaje, el cuerpo físico está rodeado por una especie de cuerpo luminoso al que se llama capullo. En el interior de este capullo existen una serie de bandas de emanaciones en número elevado. Estas bandas son las llamadas bandas internas. Por fuera del capullo luminoso también existen bandas de emanaciones, que se denominan bandas externas. El proceso de creación de la realidad implica la interacción y alineación entre estas bandas de emanaciones internas y bandas de emanaciones externas. Cada vez que se alinean las bandas internas con las externas aparece una realidad. Las posibilidades de alineación entre ambas bandas es prácticamente infinita y se produce con la ayuda de un modulador, que en el linaje de Don Tano se llama "punto de brote", que actúa como una especie de imán luminoso que atrae bandas internas y externas y las alinea creando así una realidad. El desarrollo de la conciencia de ser implicaría volverse consciente de existir, en cada una de las realidades posibles, dadas por la alineación entre las bandas internas y las externas. El pináculo del desarrollo se alcanza cuando el hombre de conocimiento ha recorrido todas las posibles realidades y se ha vuelto consciente de ser en todas y cada una de ellas. En el momento en que el estudioso logra ser consciente de todas sus bandas en forma simultánea, alcanza la libertad total, que es la meta del desarrollo, según el linaje de Don Tano, gente de conocimiento de Santiago. Afirma que además de acrecentar la conciencia de ser en todas las bandas, el crecimiento implica el logro del control total de las posiciones del punto de brote. Un hombre convencional tiene su punto de brote fijo, alineando las bandas internas y externas asociadas con la vida cotidiana. Debido a la fijeza del punto de brote, la realidad que produce la alineación de bandas permanece estática y no cambia, dando lugar a la ilusión de que la realidad de la vida cotidiana es la única realidad existente. Para el hombre de conocimiento, las realidades existen en número prácticamente infinito, y el punto de brote no se encuentra fijo en una sola posición, sino que puede moverse, por eso la vida es un cambio nunca siendo algo idéntico. La posibilidad de controlar a voluntad las posiciones del punto de brote caracteriza al hombre de conocimiento. Lo que hace que el punto de brote se mueva es el intento, y cualquiera puede aprender además a ser consciente de existir, a utilizar su intento para mover su punto de brote a voluntad. Entonces fue que se vino de lo alto una nube negra como remolino y me di cuenta que de las cuatro direcciones venían nubes iguales, turbias y amenazantes. Don Tano dijo que aquello era muy grave y que una gran batalla se estaba dando allí en el cielo. Indicó que me ubicara a su lado derecho y me ordenó que encendiera carbón: eso hice, acomodando la madera negra dejando un hueco en su centro, “para que viva ahí el corazón del fuego”, me había enseñado él mismo. Vi a Don Tano indicar al cielo con las palmas abiertas de sus manos, girando sobre si mismo, frenando el camino de las nubes negras ya sobre nosotros que, de inmediato, detuvieron su avance arremolinado y comenzaron a ser manejadas por el hombre a su antojo, hasta hacer de todas una y convertirlas en suave lluvia que cayó en el sitio por él elegido para desintegrarlas. Mientras avivaba el carbón con una hojas de eucalipto, yo miraba todo y reía de puro gusto al ver el fenómeno. Una vez estuve tres días en casa de Don Tano; al segundo día me llevó a conocer a uno de los hombres longevos entre los vecinos mortales, un hombre querido y respetado por la comunidad: el Tata Nacho tiene 138 años, que prueba con su inscripción de nacimiento en la Parroquia de Nuestra Señora de la Estampa, “cuando Santiago terminaba al Norte en la cuadra seis de la calle Independencia y al sur en el Mercado Franklin”. Se ve activo y con todos sus sentidos intactos; dice a Don Tano que se ha explorado a sí mismo y notaba que su cuerpo resistirá mucho tiempo más, mientras nos hace pasar a su casa cruzando el puente sobre el río Maipo camino a la Laguna Negra justo bajo la Cuna de piedras de las Aves Blancas, donde vive completamente solo. Llegamos a verlo al amanecer, en ayunas por indicación de Don Tano, y el Tata Nacho nos ofrece de inmediato su Té Blanco, que prepara con el huano que dejan caer las aves sobre su techo: la primera vez que probé la bebida me pareció dulce al paladar, pero luego de beber una taza me vino un deseo incontenible de orinar y debí salir casi sin avisar a desahogarme a orillas del río, durante mucho rato, tanto que me impresioné que podamos tener esa cantidad de agua en nuestro cuerpo; y siempre es lo mismo, luego vuelvo a entrar a la casa y todo parece diferente: Don Tano no está y me encuentro solo con Tata Nacho, quien levanta su cabeza al verme entrar, en un gesto suyo característico de atención concentrada, guarda silencio unos segundos y comienza a hablarme. Al igual que para Don Tano, para Tata Nacho el desarrollo humano es la expansión de la capacidad de darse cuenta. Dice que a su edad, “una de las más importantes avenidas del desarrollo es la que lleva a establecer un contacto con Dios”; en otras oportunidades afirma que ha llegado a la conclusión de que lo más importante para ser humano es utilizar ese contacto directo con Dios, volcándolo con toda fe en el orden de la vida. Le pregunté su concepto de lo que llama “Dios”, y Tata Nacho dice que este concepto implica la consideración de la existencia de un ser todopoderoso y pura inteligencia que rige la evolución y determina el desarrollo de cada uno de los seres dentro de la creación. Existen personas que le hacen sentir a uno muy bien. Tata Nacho me hace sentir así desde la primera vez que le vi, cuando lo único que se me ocurrió fue decírselo. No respondió cosa alguna pero, quizás si fue algún reflejo de la luz a esa hora del día o no sé qué, el rostro de Tata Nacho cambió y se iluminó sensiblemente, su lenguaje, fisonomía y actitudes de hombre santón, muy calmado y seguro de sus palabras que al mirarnos y hablarnos uno entra en otro sistema de conocimiento, el que se imparte por tradición oral, aquel que logra traspasar algún tamiz neuronal y activar la conciencia. Mientras yo pensaba cada palabra que decía Tata Nacho, se apareció Don Tano y sin mayor preámbulo se sentó junto a nosotros y comenzaron a hablar entre ellos en un lenguaje dulcísimo que luego supe era el idioma de los primeros chilenos, y así me hablaban sin cortar entre ellos una conversación que yo no entendía. Miré a Tata Nacho y trataba de saber cómo podía haberse sostenido un cuerpo humano durante 138 años y plenamente activo, supe que alguien le había preguntado si no era también un inmortal, respondiendo que “la inmortalidad me parece lejana, estoy absolutamente harto de ser quien soy: un hombre perfectamente mortal, y orgulloso de serlo. No pretendo vivir más allá del tiempo que debo vivir.” Mi impresión era que la mente de él flotaba alrededor de su cuerpo, ocupando la choza y el terreno circundante, y que su cuerpo se sostenía como una estructura cuya desaparición en nada afectaría a esa mente. De alguna manera, tanto vivir lo había liberado del cuerpo. Tata Nacho era ya, por ello, un inmortal. Súbitamente Don Tano interrumpió mis pensamientos: "Dice Tata Nacho que nosotros no hicimos el cuerpo y que por eso debemos cuidarlo. Dice que debemos querernos cuidando el cuerpo, más allá del tiempo de cada cuál. Que preguntes lo que desees". Oí salir de mis labios una pregunta, que me pareció precipitada como no naciendo de uno mismo, pero sentí que la voz salía desde mi conciencia cuando le dije que obviamente dentro de nosotros hay un ser que nos anima: ¿ese ser es el reflejo de Dios en cada uno de nosotros? Y respondió Tata Nacho: -Es el reflejo de Dios más nosotros mismos, porque cada individuo es estrictamente único, pero en el fondo nos parecemos mucho. Tenemos dos partes, una del bien y otra del mal. Se trata aquí de impedir que la mitad del mal se apodere de la otra, y también al contrario. Aquel consejo que en boca de otra persona me hubiera sonado demasiado común, en la suya adquirió un significado profundo porque algo me decía que siendo él un hombre mortal como uno, con todas nuestras simplezas y naturalidades, de alguna forma la respuesta a todas las cosas estaba aquí mismo, terrenalmente, sin más allá incluso necesario aquí y ahora. Sin embargo, entendí a Tata Nacho cuando dijo: -Yo recibo mucho conocimiento del más allá en mi vida a través de los sueños, y debes tener en cuenta los tuyos. Me comunicaré contigo a través de tus sueños. Piensa bien nada más. Considera que el ser humano es bueno por naturaleza, en su esencia es puro y capaz de desarrollarse y lo que obstaculiza este crecimiento es que se rodea de vallas o bloqueos impidiendo que esa naturaleza bondadosa surja, se manifieste y actúe en la vida. Para cualquier proceso de conocimiento basta con quitar lo que obstruye, esto es, basta con limpiar abriendo el camino para que surja la naturaleza positiva que llevamos dentro. Por lo demás, lograr la inmortalidad por el tiempo que se desee está al alcance de cualquiera que sepa cómo hacerlo. En un instante, por un impulso, me acerqué a él y le dije que quería darle un abrazo. Sonrío y poniéndose en pie me abrió sus brazos, lo abracé, y luego Tata Nacho se inclinó hacia el lado derecho de mi cabeza y con un sonido hueco succionó el aire y después repitió la misma operación del lado izquierdo. Sentí una frescura suave en mi interior que resulta de esa técnica de limpieza de los hombres de conocimiento de Santiago, para quienes el hecho más asombroso en el Universo es la experiencia consciente. Toda experiencia representa un suceso milagroso que escapa y no puede ser explicado con base en consideraciones físicas. Así, intentaré explicar las experiencias con Tata Nacho, apoyado en ciertas conversaciones que tuve con Don Tano, cuando yo mismo intenté aclarar cuánto de lo aprendido había entendido. La postulación fundamental de estos hombres de conocimiento es que la experiencia surge como resultado de tres procesos de interacción. El primero de ellos es una interacción entre elementos neuronales capaz de crear un campo energético complejo, denominado campo neuronal. La segunda interacción ocurre cuando el campo neuronal se pone en contacto con la estructura energética del espacio. La interacción entre el campo neuronal y el espacio crea un patrón de interferencia que se denomina estructura energética de la experiencia. Lo que es decir que el espacio que rodea a cualquier objeto posee información acerca del objeto en cuestión. Un observador ubicado a cualquier distancia de una roca será capaz de percibirla a simple vista, o utilizando un instrumento amplificador de la porción de espacio que su retina observa. De hecho, no existe espacio con un contenido nulo de información. Todo el espacio está repleto de información y, ubicado donde se coloque, un instrumento sensible o un observador vivo podrá detectar y decodificar la información contenida en el espacio. Sin embargo, la organización de la información contenida en cada punto del espacio no es homogénea. Probablemente la información proveniente de todo el Universo converge en puntos infinitesimales en los que puede dividirse el espacio. Estos puntos a su vez convergen en un solo punto de información, por decir así, alejado de cualquier objeto, infinitamente pequeño pero a la vez desmesurado en información, y en el centro del universo, capaz de contener, con una organización coherente, toda la experiencia de la vida sea cual sea su expresión física. Estas gentes de conocimiento del valle de Santiago indican que si el campo neuronal no solamente se irradia en todo su hábitat sino que afecta la mente de los que entran en contacto con él, puede postularse que diferentes grados de desarrollo son correlativos con diversos niveles de sensibilidad, de tal forma que un sujeto puede vivirse a sí mismo y experimentar lo que le rodea en un nivel concreto, mientras que otro será capaz de experimentar al mundo como una matriz de pensamientos o abstracciones. Así, cada ser humano, en su pensamiento individual, está en contacto con este mundo arquetípico: en el que se encuentran situados todos los pensamientos. El pensamiento individual en este sentido estaría incentivado por este mundo cósmico único que lo asocia con el vacío de lo que existe y no vemos, en que nada existe por sí mismo porque todo es resultado de causas anteriores. Así, una roca es también vacío, en tanto que no existe en sí misma, igual que un cuerpo humano o un árbol. En la conciencia de la creación de la experiencia, el ser humano se percata de que él está creando su experiencia consciente con todos sus contenidos y que, por lo tanto, éstos dependen de su capacidad creativa, más que de sí mismos. El mismo concepto de patrón de interferencia y de estructura energética de la experiencia se basa en un proceso mediante el cual surge un contenido (la imagen de un gorrión, por ejemplo) como resultado de una interacción entre un campo neuronal y la estructura del espacio-tiempo. Cuando la conciencia de que el vacío lo puede contener todo o la creación de la experiencia acompañada de la conciencia clara del proceso mismo, se logra un estado de liberación con respecto del Universo concreto y se adquiere la conciencia de la verdadera naturaleza del ser. Esta auto realización es patrimonio de todos, vivencia común de las personas que, como Don Tano, se han dedicado además a la exploración de sí mismos. El desarrollo del ser humano parece estar inclinado hacia el logro y la vivencia de estados de mayor unidad. La religión considera como ideal el logro de la Unidad en la cual el monoteísmo es, en realidad, la expresión más acabada de la realización de la existencia de un solo ser, del cual todos somos parte. La aparente dicotomía entre la simultánea existencia de la Individualidad y la Unidad se resuelve aceptando que ambas coexisten porque pertenecen a dos niveles de la misma Realidad. Yo soy yo y al mismo tiempo soy todo, dependiendo desde qué nivel de conciencia me percibo. Si me veo tal y como veo a los objetos, me viviré como separado e individual. Si me veo desde la perspectiva de una conciencia más expandida y unificada, mi sensación yo-céntrica se expandirá al mundo y ya no me siento separado de mi entorno. Una noche, en casa de Don Tano, le comenté el deseo de ver a Tata Nacho, y me prometió que iríamos al día siguiente, siempre y cuando él estuviese de acuerdo. Lo interrogué acerca de cómo le informaría de nuestro viaje, y me contestó que a través de una "velación", y prendiendo una vela se concentró en Tata Nacho, a quien le envió el mensaje. Según los movimientos, brillo y altura de la flama, según las chispas que surgen del pabilo Don Tano podía reconocer si el mensaje había llegado a Tata Nacho y si él lo recibía: “Dijo que nos espera a las once”, me informó. Al llegar a la cuna de las Aves Blancas a las once como estaba previsto, el macho anciano esperaba por nosotros; mientras nos servía té blanco que tenía preparado en un fogón, nos indicó una tercera hamaca que faltaba colocar junto a las dos preparadas en que se ubicaron de inmediato a conversar en lenguaje antiguo, colgué la hamaca junto a la de ellos a no más de un metro de distancia, y al acomodarme fue como entrar en un círculo separado del mundo; al principio no pude verbalizar mis pensamientos y parecía querer entender y comentar cada una de las palabras que oía de ellos, pero mis labios se negaban a hablar. Oí con atención lo que decían y concluí que el mapudungún me era indescifrable, no entendía nada, lo que me imposibilitaba incluso para asentir o negar con un movimiento de cabeza, y aquello en un instante me aterró. Bebí de un sorbo mi té blanco, salí a orinar y cuando volví, sentí que mis pensamientos eran sostenidos por una especie de malla de optimismo. Reconocí en mi sostén a la mente de ellos, y en el contenido a la mía. Era como inter actuar sin ser distraído del propio proceso pensante, sino al contrario, sostenido por él. Mis pensamientos comenzaron a acelerarse y de pronto me perdí. Había desaparecido el sostén optimista y ya no había contenidos propios, sino una sensación de confusión, en que sin entender lo que hablaban impedido de expresarme, cuando todo mi pensamiento lo envolvió el sonido del río Maipo retumbando en su caída entre las rocas y el sonido del agua viva parecía estar ubicada en el interior de mi cerebro, retumbando inquietante; traté de no oír nada pero mi confusión sonora aumentó hasta que del fondo del ruido me oí decirle clarito a Tata Nacho que no es muy fácil escuchar o dejar de hacerlo a voluntad: “Sólo se trata de poner atención en el exterior” -me respondió. Lo que parecían ser cientos de pájaros cantando simultáneamente llamaron mi atención. Eran los pájaros blancos más arriba de las cuatro paredes gigantescas de piedra que nos rodeaban, que parecían rematar en un techo curvo donde viven las aves, cuyo canto se convirtió en un remanso de paz en mi mente. Y me dormí. Al despertar no sé cuanto tiempo había pasado. Observé a Don Tano y Tata Nacho en sus hamacas conversando muy entretenidos, y era como si mi mente se abriera y entendí todo lo que hablaban sin preguntarme si lo hacían en lenguaje chileno antiguo o nuestro lenguaje de ahora, y todo era calma. Cada vez que cerraba los ojos mi conciencia se llenaba de pensamientos; uno tras otro, como si alguien estuviera estimulando su origen. Maravillado, me dejé ser. Tata Nacho se quejó de dolor de piernas y yo me atreví a sugerirle un masaje, que él aceptó. Me proporcioné un lavatorio y agua tibia, nada más. Empecé a trabajar lavando y masajeando sus pies mientras él decía que le daba alegría tenernos en su hogar. La piel de sus pies y piernas eran puro músculo nada de magro. Su piel parecía pertenecer a un hombre joven y no a un anciano de más de ciento treinta años. En sus pies no noté una sola várice y las líneas de sus plantas eran claras, fuertes y profundas. La línea de la vida era larga y sin desviaciones, la de la mente honda y recta, la línea de la muerte no la descubrí. Le di un masaje minucioso en sus piernas y pies, y al terminar, mientras Don Tano observaba complacido, nos servía el te blanco por indicaciones de Tata Nacho. Me sentí muy cómodo. Sentí que mi mente estaba siendo sometida a un proceso de limpieza profunda de la que surgía, cada vez con mayor claridad, un centro trascendente cuyo poder de observación me hacía sentir, con placer, los pensamientos, imágenes e ideas que nacían de un fondo antes inaccesible. Así transcurrió ese medio día. Recostados en las hamacas, bajo su pérgola natural de plantas y rocas, ubicado al lado de ellos, conversando. Luego comimos pollo asado que llevamos preparado por la esposa de Don Tano, con pan amasado, huevos duros y papas cocidas. Tata Nacho, en un dos por tres, preparó una ensalada a la chilena tomando de su huerto los tomates, la cebolla, el cilantro. Hablaron horas animadamente, a ratos ambos con los ojos cerrados, sin que yo, por ello, en momento alguno me sintiera excluido. Hacia las cuatro de la tarde Tata Nacho se incorporó y nos preguntó si deseábamos darnos un baño. Accedimos y nos dirigió a un cenote entre las rocas donde caía agua termal de temperatura ideal. Me bañé deliciosamente y dejé que el aire cálido del atardecer secara mi cuerpo. Todo era natural: el cenote con agua termal, la roca soleada acogedora, canto de pájaros y el río calmado. Creo que ese día empecé a conocer algo del admirable ritmo de vida de estos hombres de conocimiento. No es sorprendente que trabajando lo justo para vivir, sin ambición ni envidia, con tiempo para recorrer la propia mente, el espíritu sea capaz de recibir mensajes, leer las estrellas y amar la tierra hasta el grado de permitirle a alguien vivir tantos años sin otra molestia que un débil cansancio de piernas. Le pregunté la razón de su larga vida. Y dijo Tata Nacho: -Lo más importante para que el cuerpo se mantenga sano es conservando la mente sana. Y para ello es muy buena la meditación: yo utilizo varias técnicas según mi estado de ánimo. La más frecuente es concentrado en hacer bien mi trabajo plantando mi huerto, cosechando mis yerbas justo a tiempo para secarlas al sol y bajarlas al mercado. Otras veces me concentro en la observación atenta de los fenómenos naturales cotidianos, me refiero a la observación del mundo que nos rodea, las personas, el amanecer, el anochecer, el transcurrir de los animales, de los cambios de luz, de los movimientos de mi silla mecedora al descansar en ella... nada más observando y oyendo el sonido del mundo que nos rodea atendiendo a los mínimos detalles sonoros del mismo. Otra técnica que utilizo es la observación atenta de las estrellas en la noche. Cuando deseo escojo alguna zona del firmamento estrellado y fijando mi atención en esa zona en una postura de relajación, dejo que penetre la información estelar en mi interior. A veces uno se duerme y las estrellas comienzan a actuar en nosotros entregándonos información a través del sueño. En la mañana yo suelo recolectar mis sueños y a través del contenido de los mismos también observo mis propios procesos y soy capaz de utilizar esta información para ofrecerla a alguien que acuda a mi en búsqueda de ayuda. Es algo que he aprendido con los años. Aquí casi nadie nace sabiendo. Cuando me piden soluciones grandes, parafraseando a san Cayetano, respondo que lo primero que hay que hacer para reformar la sociedad es reformarse a uno mismo, él se refería a la iglesia Católica. Yo pasé por todas las religiones, pero me quedé con Jesucristo por su carácter perdonador ante todo, me parece horrible que existan religiones castigadoras, bastante tiene uno con pagar sus propios errores aquí en la tierra. Donde también existen dichas, a veces secretas, una buena mujer, una familia, los amigos, un oficio grato. En verdad, la vida para todos, mortal e inmortal, es demasiado corta existiendo tantas cosas para hacer. Por eso, me parece horrible la idea de castigos o premios eternos por apenas unos pocos años de vida aquí en la tierra. Igual, a través de Jesucristo me siento reconciliado con todas las religiones, por su carácter perdonador. En su práctica diaria, Tata Nacho suele sentarse inmóvil como primer acto de la mañana después de despertar, permaneciendo en esta posición durante unos minutos: “de acuerdo a mi estado de ánimo, pero suelo tomarme esos instantes permitiendo que mi ego se desvanezca poco a poco y en lugar suyo mi cuerpo se impregne de la fuerza alrededor mío; así permito que la energía del Guardián de la Cordillera que habita aquí también sustituya la mía propia bañándome en ella totalmente. También suelo utilizar movimientos giratorios de mis ojos o mi cabeza haciendo círculos en el sentido de las manecillas del reloj. Sin embargo, creo que mayormente lo que ha conservado mi cuerpo es nunca abandonar mi técnica de respiración, que es muy simple: inhalo con fruición el aire, lo mantengo en mi cuerpo lo más que puedo durar, para exhalarlo con mucha lentitud hasta vaciar mis pulmones, y así sucesivamente. Creo que todo tiene su lugar en el espacio, las cosas y las palabras; yo utilizo la oración y formo parte hace muchos años del grupo de Rezadores del valle, con quienes a través de la oración a viva voz y en silencio hacemos accesibles a nuestra conciencia otros niveles de realidad que nos fortalecen, y podemos ayudar a quienes lo necesitan” -dice él. Este grupo de los Rezadores del valle de Santiago, está formado por gentes cuyas técnicas les fueron legadas por los antepasados en una ininterrumpida genealogía que se arrastra desde la época prehispánica, de padres a hijos y de abuelos a nietos han heredado la costumbre de comunicarse con la divinidad en voz alta; se dedican a curar enfermedades utilizando la ayuda de ciertos espíritus perdidos en el espacio: según ellos, cuando una persona muere en forma accidental o como producto de una pelea o una catástrofe natural, o es un espíritu violento que debe pagar como encarcelado y por lo mismo peligroso, pues su espíritu no abandona la tierra sino que permanece ligado a ella sin escapatoria y sin hallar un camino de desarrollo que le permita abandonar su estado hasta no realizar buenos hechos, por ser lo suyo una causa que produjo un efecto son por ellos espíritus a quienes es posible acudir; así, algunos casos de curación de enfermedades se deben a las acciones de estos espíritus errantes actuando sobre la mente y el cuerpo de las personas, quienes se lo deben solicitar, regla que utilizan los Rezadores para efectuar un trato con ellos a cambio de una petición en especial que generalmente es la salud de los enfermos, a cambio de lo cual quedará escrito en un ídolo su buena acción; levantándose santuarios donde se preservan ocultados entre las rocas de la cordillera tallados por los antepasados prehispánicos, y cada día se realizan ceremonias en la que uno de los Rezadores se comunica con estos espíritus para solicitar su ayuda. En la ofrenda se le presentan velas, tabaco y se les enciende carbón en que se queman vegetales secos aromáticos, hojas de eucalipto o resina de pino. Los espíritus pueden o no acceder al pedido del Rezador. Que lo hagan depende de si los rezos y las ofrendas que se les ofrecieron fueron de su agrado y de la sinceridad y poder personal del Rezador, quien está protegido de estos espíritus si son violentos porque encomienda siempre su trabajo al Guardián de la Cordillera, que es un ser reflejado de toda la potencia viva de la piedra andina bajo los suelos y alrededor del valle, que vela por todos los seres vivos y muertos, ese día afirmó Tata Nacho a quien dejamos lo que restaba en calidez de la tarde trabajando en su huerto entre los roqueríos en las afueras de su cabaña. Me reí de mí mismo por el miedo que me había dado cuando no entendía lo que hablaban, incapaz de descifrar su lenguaje. Hasta ahora, cuando nos juntamos, no sé si ellos conversan en mapudungún o chileno actual, pero el caso es que dialogo con ellos perfectamente. El maestro Don Tano, en las mañanas, de pie en dirección al sol, mientras todo el espacio se llena de canto de pájaros y olor impregnado a lavandas del jardín, él observa el amanecer muy quieto, instantes en que también realiza sus ejercicios de respiración diarios. En los tres días que he convivido a lo más en su casa, de día casi no lo he visto descansar y es difícil llevar su ritmo. Al atardecer la noche también la espera meditando en su sillón cómodo, inmóvil, mientras su mente se recorre a sí misma. Sin embargo, ese estado no es de pasividad, da regalos invisibles. Yo siento siempre que su hogar es mi hogar y, a través de los años, me hizo sin dudas mejor con su lucidez y presencia amistosa, sin andar pronunciando palabras cálidas, sólo en su actuación. Siempre cuando me despido de Don Tano, nos abrazamos, me besa la mejilla izquierda inhalando con fuerza el aire, y luego la mejilla derecha de igual forma, y señala hacia arriba, sin decir palabra luego de soplar con aliento cálido mis orejas. Desde la primera vez que lo visité me recomendó que no me desviara de mi camino, y, en cierta forma, siempre me acompaña desde entonces en forma de un sostén sutil y mental de mis contenidos de pensamiento, que me acercan a una unificación interna y coherente con mis semejantes. Una semana después de regresar a mi hogar en la playa, cuando le comencé a frecuentar, soñé que me anunciaba que debía ir a verlo: por la mañana recibí una llamada telefónica suya diciendo que iríamos a ver a Doña Quela, esta mujer de conocimiento muy poderosa que usa cristales de cuarzo en su trabajo de predicción, y que en la noches consulta a las estrellas porque sabe todo de los cuerpos en lo alto, siendo la escritura en los cielos su fuente preferida de conocimiento como muchas gentes del valle. Nos esperaba a la hora del crepúsculo de la tarde. Doña Quela y Don Tano empezaron a platicar animados, me dediqué a observarlos. De vez en cuando, sin embargo, ella me hablaba directamente repitiendo a manera de rezo: “tú no cambies tu camino, que siempre vence el bien y al final, Dios que salva el metal salva la escoria”, frase que no sabía si tomar como un consejo o cierta ofensa. Ese atardecer quedé solo con ella al entrar Don Tano hacia el huerto interior. Le pregunté acerca de su técnica de ver las estrellas. Me quedó observando unos instantes en silencio y luego dijo: “-Esta es la mejor hora para descifrar la escritura de los cielos, cuando recién aparece en las pizarras de lo alto; el estudio de la ubicación de las estrellas y los fenómenos del cielo es una ciencia, y su misión es la de toda ciencia: catalogar el mundo para volverlo a Dios en orden. Observa el cielo en silencio, eso es todo.” Y así yo estaba extasiado observando las estrellas cercanas de los Andes cuando desvió mi atención en el cielo una serie de truenos pero muy lejanos. Pasaron varios minutos en los cuales comencé poco a poco a intranquilizarme y me levanté de la hamaca en la cual estaba tendido boca arriba. Le dije que era indudable que hay una escritura en las estrellas, y le pedí que me indicara cómo la leía ella, pero no bien terminé de preguntar, fui interrumpido con energía por Doña Quela, quien levantando su voz me ordenó: -¡Pídele a Dios que te explique, te dije que guardaras silencio, únicamente habla con Dios! Y volviendo con premura a mi hamaca me puse a observar las estrellas en silencio con toda atención durante no sé cuánto tiempo que sólo fue interrumpido por Don Tano al volver de la huerta interior con un manojo de plantas medicinales de recolección nocturna. Escuché hablarme a Doña Quela: “Tú piensa que el cielo sobre Santiago está ubicado exactamente bajo el centro de la Galaxia en espiral nuestra, en ese centro exacto hay un ojo negro: ¡busca ese ojo y obsérvalo!”, me ordenó. Don Tano nos observaba desde su silla mientras yo, boca arriba observando el cielo me sentía fresco, bañado por la maravilla nocturnal de Santiago reflejada en los hielos andinos: me concentré en el ojo negro del cielo y los pensamientos aparecieron en mi conciencia, claros, precisos. Había llovido buena parte del día y todo parecía haber renacido. La tierra oliendo a mojado y los grillos y pájaros nocturnos cantando a todo volumen. Don Tano cubierto con su poncho de lana y yo bien abrochada mi parca. Mi mente en paz y en silencio. En un estado de total placidez arrullado por la fuerza de la cordillera. Me sentía, lo juro, en estado de gracia. Doña Quela me parecía vital, cálida y madura: se había puesto de pie y disponía en un fogón al costado sobre cuya parrilla reposaba una tetera y una olla con leche: cuando me ofreció un mate de leche con malicia, me atreví a cambiar mi posición ordenada y hablarle. Le dije que era un aprendiz, que realizaba un trabajo acerca de algunos vecinos de conocimiento de Santiago, y le dije que había oído hablar entre los maestros que los inmortales solo bebían agua de los manantiales, al tiempo que saboreaba el aguardiente en la leche. Respondió mi comentario con una sonrisa, al mismo tiempo que decía: “Nunca debes creer en los maestros, ¡no seas supersticioso!” Don Tano rió de buena gana. Me sorprende el ambiente que se respira en su casa, con un patio amplio que semeja estar al aire libre, pero se encuentra protegido por paredes de roca circulares que lo hacen un observatorio astronómico natural; la entrada a la casa misma tiene un corredor protegido todo pintado de verde por la hiedra fina que lo cubre, con una mesa de piedra tallada que entra por la ventana desde la cordillera, en que reposa siempre una bandeja de frutas y un jarro transparente de agua y vasos dispuestos. En el hogar de Doña Quela, que es psiquiatra titulada en la Universidad de Chile, todo está en su lugar, limpio, ordenado. A la edad de 10 años la picó una araña de rincón, al dolor punzante e interno del momento de la mordedura en el vientre, este comenzó a hincharse y a tomar un color rojo violento, tuvo vómitos, dolor de cabeza, escalofríos, sudor intenso y fiebre hasta perder el conocimiento. No pudo desactivar el veneno su propia abuela que era sabia en yerbas medicinales y trajeron un doctor, pero éste tampoco le encontró ni oyó el pulso, diagnosticándola muerta. Pasaron varias horas durante las cuales la familia empezó a preparar el velorio, su madre, inconsolable, la abrazaba llorando y cuando esto se repitió varias veces, la niña abrió los ojos, devolvió el abrazo a su madre y le dijo que no se preocupara, que ella estaba bien. Unos días después, subieron a la cordillera a recolectar Boldo con su abuela. Esta última montaba un caballo viejo mientras la niña la seguía caminando. Notaron que el caballo movía sus orejas previendo algún peligro. De pronto, oyeron un sonido como de aletazo feroz, seguido por una respiración intensa. La abuela se afirmó en su silla. Entonces fue que se apareció junto a ellas emprendiendo su vuelo el cóndor majestuoso blandiendo sus alas gigantes con las que rozó a la niña, que valientemente, se mantuvo en pie y luego subió muy rápido también al caballo que guió al trote hasta su casa. Después, empezó a sentirse muy mal. Sus manos se torcieron y sus emociones se alteraron un día con su noche. La abuela determinó que había estado nuevamente en un "trance de muerte" y que si con la picadura de la araña de rincón había adquirido el don de la curación de las mentes enfermas, con el roce del ala del cóndor había adquirido el poder de leer las estrellas, dones que debía utilizar sin temor, que estaba inoculada contra los males que se ven y los que no se ven, porque en ambos reinos podría transcurrir con libertad; en unos pocos meses murió la anciana, y pocos días después su madre, que nunca recuperó la voz después que ella nació, y se devolvió trágicamente por el río al resbalar en la orilla y ser tragada por las aguas que sólo la devolvieron muerta a la orilla del mar. Padre nunca se le conoció, así nada más se dice que Doña Quela se las arregló sola en la vida para mantener su hogar, trabajando para pagar sus estudios y mantener el respeto de las gentes del valle, que afirman sin lugar a dudas su relación directa con las cosas que no se saben y sólo hablan buenas cosas de ella, aún antes que se supiera que el Disipador de las Dificultades la había integrado entre sus ayudantes por su sola voluntad, no por sus obras, por gracia. El caso es que desde entonces se hizo estudiosa de las estrellas, desde jovencita puede quitar dolencias y curar enfermedades psíquicas y resolver los problemas que los pacientes le plantean en su consulta médica; ella utiliza medios poco tradicionales si considera que lo amerita la curación, casi nunca su receta incluye terapia química, aunque la usa si cree necesario, más utiliza la medicina que ella misma sabe que existe en la planta tradicional, conocimiento que comparte con las gentes del valle. Su primer manejo de diagnóstico, Doña Quela lo hace utilizando su percepción directa, usando como un instrumento su propia impresión de la energía que el paciente trasmite en su aflicción. Tiene la facultad de curar colocando sus manos en diversas partes del cuerpo; confirma siempre su diagnóstico consultando el iris del ojo del paciente y cuando ve necesidad de limpiar el magnetismo humano y sanar males internos utiliza rocas con minerales que caen del cielo y sus yerbas medicinales, que cultiva en su bien construido invernadero a un lado de la casa. Para ella, el estudio del iris del ojo o la imposición de manos para diagnosticar, los metales y las yerbas medicinales o la medicina oficial para sanar, las considera en su trabajo como eventuales y secundarias en comparación con su intuición al estar frente al paciente. Ella considera su oficio como caritativo. A quien la necesita ella ayuda, también fuera de sus horas diarias de trabajo en un Hospital del sistema de salud público chileno, donde siempre está dispuesta y también la encuentra en su casa quien la busca. Cree fervientemente en el poder de la fe, que tal cual escudo insinúa como inicio de cualquier tratamiento de curación. Suele decir: -Toda sanación del cuerpo y del alma se inicia con la actitud del corazón. Nos invitó a su casa un día 20 de marzo, y la encontramos preparando vino medicinal dentro de unas cubetas de vidrio, ayudada por una discípula que probaba la infusión y hacía comentarios de su sabor. Doña Quela me saludó y dijo que estaba terminando de fabricar este vino que era excelente para restaurar vitalidad y que se preparaba hirviendo un conjunto de plantas como la hierbabuena, salvia real y boldo, mezcladas con vino tinto, azúcar negra y néctar de uva-pasa, todo hervido el tercer viernes de marzo de cada año, cuando las medicinas preparadas son más poderosas por estar las plantas enriquecidas con la luz del sol que absorbieron durante el verano austral. Debo decir que desde el primer día que la conocí, cada vez que hablo con ella tengo la impresión de estar frente a una mente poderosa que lee la mía como si fuera un libro abierto. No sé si a otros que la conocen les ocurre, pero Doña Quela se muestra siempre capaz de describirme los rasgos que para mí son los mas importantes de mis emociones: ella sabe perfectamente bien como es mi personalidad, y seguramente la de quien se le acerca. En las ocasiones cuando me dirijo a visitarla, en el auto voy pensando las preguntas que le voy a hacer en cuanto la vea, y ella, al verme entrar a su casa, me da un beso en ambas mejillas con una cálida caricia con su mano derecha palmoteando mi cabeza, para comenzar casi de inmediato a contestar estas preguntas sin que yo tenga la necesidad de decirle nada. Siempre al conversarle tengo la misma sensación de que las preguntas que surgen en mi mente ella las responde antes de hablarle. (c) WVF

16 de mayo de 2012

DE INMORTALES

GENTES DE CHILE (Fragmento de Novela Inconclusa) Hoy al mediodía, según habíamos acordado, subimos a la cordillera por la ruta 78 hasta el sendero más arriba de la Cascada de las Ánimas para almorzar con Don Tano, uno de nuestros muy venerados hombres de conocimiento. Manejando sin apuro, se logra cruzar en menos de tres horas el corazón del valle donde brota esta ciudad magnífica en que nací. Como suelo hacer, de ofrenda llevando sus preferidos erizos negros de lengua gruesa y dorada, así como lisas azules y blancas, y también ahora unos sabrosos Mahimahi que vienen desde la Isla de Pascua, de carne sabrosa apta para cualquier preparación, que los pescadores trajeron este amanecer desafiando a las aguas bravas que ayer reinaban frente a mi casa en la playa, a orillas de los mares del Sur, donde se cruzan el Meridiano 33 y el Paralelo 71. Vivo en la aldea de pescadores de la Caleta de San Pedro de Cartagena, a orillas en línea recta al mar de Santiago: en estas aguas hay corrientes que llevan al mar oculto una de cuyas bocas está entre el continente y la Polinesia chilena; son mares de un azul eléctrico ahora cuando termina el invierno; son aguas bravas casi todo el año y luego de las tempestades se arrastran como un manto que se extiende más allá del horizonte, hacia la fuente del océano que se pierde en la salida sur a la Antártica chilena, cruzando la conexión al reino interior con el mundo exterior al sur de mis pies y el norte sobre mi cabeza. Al oeste está la tierra de los Hiperbóreos, limitada en su perímetro por el río océano donde los peligros de navegación por los restos del continente hundido están señalados con verdaderas columnas de diamante que brotan de los hielos antárticos mirando al sur, a la entrada al oculto reino interior, entre el Cabo de Hornos y la Tierra de O’Higgins. Al este subiendo en la distancia están los montes sagrados andinos, cuya fuerza reposa en el silencio. Llegué a mi hogar en Cartagena después de navegar desde Acapulco cruzando en calma casi todo el océano Pacífico, hasta que entrando a las aguas enfilando a Valparaíso fue cuando todo se volvió tinieblas, nos envolvió un mar sumamente agitado, y una corriente desbocada nos arrastró varias horas; temiendo zozobrar vimos una isla que flotaba como elevada por la bruma, que se transformaba en tal espesa niebla que parecía brotar sobre un infranqueable muro de metal y piedra escarpada y desnuda. Era como un monte oscuro por la distancia y me pareció tan alto como no había visto nunca otro alguno. Un ruido sordo pegaba contra los arrecifes y la alta resaca dejaba oír sus lapidarios gruñidos contra nosotros. El barco parecía hundirse tan bajo a ratos, que subía a penas sobre el nivel del mar. En un instante, como si arrancara de la tierra que veíamos, un torbellino sacudió la nave por la proa, la hizo girar con tal brusquedad que se levantó la popa en alto, mientras la proa se hundía y el mar se cerraba sobre nosotros. Anclamos en esta caleta de aguas bravas, sin embargo con accesibles acantilados en forma de herradura y abrigada del viento. Luego de realizar en el inmediato bosque de eucaliptos los ritos y las oraciones en honor de los muertos como el capitán iba indicando, vimos aparecer una multitud de sombras entre sutiles reflejos de los que fueron en vida ancianos, mujeres y hombres, jóvenes y niños que nos abrían paso en silencio y con cierta actitud cálida, hasta que cruzamos a la zona de luz que marcaba la entrada a la Caleta de San Pedro. En las puertas ocultas entre los roqueríos, en una inscripción en la piedra, tallamos: "Quien ha llegado aquí, puede llegar a cualquier lugar que exista o no exista”. Aquí en Cartagena hice mi hogar que levanté en una roca alta de los acantilados. Una vez que anclamos, y rescatamos el barco casi intacto, tampoco supimos la dirección que nos trajo; aún cuando tuvimos un deseo manifiesto de explicarnos las rutas de navegación, no supimos decir qué tipo de energía hizo moverse al barco por sí mismo, como un animal vivo entre las rocas, indicándonos solo el rumbo que seguía en un sistema de coordenadas radiales que, después supimos, tenía como centro de referencia el Oráculo de Cartagena. Este Oráculo, ahora sé, cuando lo fuimos conociendo, es en apariencia nada más una roca circular perfectamente pulida por el mar, pero obra de mano humana, al centro de la cual alguien construyó un altar pétreo y está la estatua de San Pedro, patrono de los pescadores; semeja otro artificio, pero existen fotos antiguas en que se ve que existió a partir de allí un muelle de pura piedra que entraba en las aguas hacia un ojo marino, que visto desde lo alto en los acantilados refleja en el mar que lo rodea todas las cosas como sucedieron, como están sucediendo y como han de ocurrir. Cuando descubrimos tal hecho irrazonable, guardando silencio intentando convencernos de que no sucede nada, sin embargo delatados por el ceño preocupado ante nuestra impresión de mirarnos como fuimos, como somos y como seremos; el capitán restó importancia al hecho magnífico, diciendo: -Concentrándose en un punto, para cualquier persona es fácil ver lo que fue, es, y será, no es algo singular: sólo requiere concentración. Sólo es que aquí no requiere de nada, porque las aguas son naturalmente oraculares. Eso es todo. Muy poco más debemos saber que hemos llegado a un lugar seguro. -Pero, físicamente ¿donde en realidad estamos? -dije. -Estamos en un sitio que es todos los sitios a la vez y ninguno. Poco tiempo después de la caída del país Antártico, cuando los habitantes del Mundo interior lo absorbieron entre las aguas detenidas en los hielos más colosales del sur, varios pueblos se esparcieron por estos mares. Dijo que algunos huyeron a las islas Polinesias que veo desde mi hogar, ellos son los constructores de los moais cuya alma preserva el pueblo Rapa Nui. Otro grupo se quedó a nuestras espaldas, en el valle más fértil cobijado por los montes sagrados, ahí levantaron su lugar capital justo donde los españoles nombraron Santiago de la Nueva Extremadura. De los que escaparon con vida cuando cayó la segunda luna y quebró los continentes, simplemente fueron arrastrados en sus cóncavas naves del mar a estas playas que inician el principio sur del fin del planeta, quizás esperando volver a sus sitios de origen, pero quedaron atrapados del lugar que los había salvado. Arribaron de muchos lugares; algunos vinieron del país de los Cardófagos, que se alimentan principalmente del fruto de cierto cardo, cuyas semillas trajeron, esparcieron aquí sus sembradíos, y quien lo prueba se olvida de su patria. Otros lograron llegar hasta aquí cruzando el triste país de los Muertos, en los confines del océano de profunda corriente, donde el sol resplandeciente jamás ilumina con sus rayos: debieron cruzar la zona del sueño y rodear la cueva desde la cual se puede descender al Reino del Mar. Los que logran, cuando más, cruzar sin novedad luego zozobran con sus naves intactas en estas aguas bravas del sur, lo sucedido con nosotros. Aunque algunos, como los que pudieron tallar y pulir el Oráculo de Cartagena en un tiempo olvidado, son naturalmente empujados hacia acá por el Hacedor de Caminos: “Nada más se sabe” -dijo acabando mis requerimientos, muy serio, el capitán, quien, reparado su barco en pocos meses volvió al mar, vayan en recuerdo de su enorme estatura estas líneas. Conversando con gente de la zona, he oído decir que sus mayores vinieron en el tiempo del hundimiento de las aguas, que corresponde al tiempo anterior a la época del bronce, metal que creaban de la aleación del estaño, del cobre y otros minerales comunes en este lugar como el plomo y la plata. El estaño lo tomaban fácilmente los antiguos y con él fabricaban espejos, recipientes pequeños destinados a contener perfumes o medicamentos y también para soldar y afirmar sus construcciones. Para conseguir cobre simplemente lo excavaban de los caminos que cruzan todos los Andes chilenos, que vemos en la distancia si miramos de espaldas al mar. El oro no era importante porque sus mayores tenían también la receta para hacerlo, pero al ver la codicia por este metal que demostraron los invasores europeos del siglo XVI, la receta fue tan oculta que terminó por perderse. Aún hoy, en recuerdo de los antiguos que poblaron esta zona se cultivan rarísimas especies como la canela, el sándalo y la mirra, que se aprecian más que el oro. Aquí, en estas aguas bravas vive la maravillosa borrachilla, el pez dorado iluminador de la mente que se alimenta del peyote del mar que arrancan del fondo de las aguas. En esta época suele dejarse caer la tarde con un gran viento, súbito como el ancla cae en las aguas profundas. El mar ondula su vientre por encima de los botes y remolcadores, y anda como queriéndose engullir la Caleta de los pescadores de San Pedro. Muy luego el cielo se quiebra en rayos y truenos. Los barcos en la distancia de las aguas se estremecen con sus sirenas al aire. Los lanchones buscan protección hacía la raya del horizonte, perdiéndose entre nubes tempestuosas que los funden en la oscuridad del mar. Gaviotas y alcatraces gritan desde los acantilados. Las lobas marinas lanzan al viento su canto largo como si estuvieran pariendo. Con la entrada de la noche, que se viene temprano, súbitamente se deja caer el aguacero, y los caminos de Cartagena, que desembocan todos en el mar, se transforman en peligrosos ríos. Sábanas de lluvia se desprenden del cielo cubriendo el pavimento y las veredas: si parece que las aguas andaban queriendo salirse del mar. Ayer, tanto duró el aguacero que el corazón se apropió de todos. Nos fuimos los que estábamos a la terraza frente a la aldea de los pescadores a orillas de los acantilados. -Los cauces arrastrarán sus casas tan frágiles. No resistirán -dijo alguien. -¡Resistirán! -afirmó enérgico el otro Waldemar, mi asistente, mis ojos. Y todos estuvimos de acuerdo, aunque nuestro corazón estaba sobrecogido. Sentí cómo la naturaleza desatada sacudía persistente los techos y barría las calles de todo. Sentí como quien esperaba un milagro o un hecho distinto les despertara del sueño malo con viento en el mar. El temporal ya era un gigante, brutal. Llegó alguien asustado, diciendo que la bajada blanca a la Caleta era como un canal desbocado abriéndose en todos sentidos. En el mar, los botes que no alcanzaron a sacarse, como caballos espantados, aparecían y desaparecían entre las olas, algunos queriéndose estrellar sin compasión en las rocas que crecen de las aguas. En un instante la proa del bote con piso transparente se hundió en las aguas para siempre, no pudo soltarse mar afuera y afrontó su destino. Los mares del sur estaban furiosos y temimos en un momento que brotara el gran tentáculo de que hablan, la gran lengua del mar que absorbe poblados enteros. Cartagena se ahogaba por los cuatro costados. En sus cerros y a orillas de los acantilados, en todos los patios los árboles milenarios y los nuevos barrían el planeta con sus melenas desatadas. Un rayo partía en dos nuestro pequeño mundo cuando algunas mujeres con niños en brazos y los pescadores que estaban en tierra abandonaron sus casas, a punto de desprender el viento de sus cimientos y precipitarlas al mar, bien podía desencadenarse una tragedia, y buscaron refugio en el corredor techado de la Junta de Vecinos y otros en el gimnasio del Club Deportivo, las construcciones más seguras donde se dispuso todo y las hileras de niños, mujeres y hombres fueron cruzando las calles de agua hacia el refugio ocasional, con sus cosas más imprescindibles, silenciosos, cumpliendo un rito de antiguo conocido, envueltos en una tristeza larga, apuntando sus ojos implorantes al mar sordo iracundo elevado por el viento. Y todos los que estábamos más protegidos recibimos amigos, y llegaron los Pakarati, que ni siquiera en su Isla de Pascua están acostumbrados a que les entren las aguas bravas por los cuatro costados, y trajeron sus guitarras y animamos la tragedia con un poco de música. Los niños a salvo del viento y del agua, y los más pequeños dormitando acurrucados en el regazo de sus madres jóvenes, iluminadas con sus ojos de lapislázuli enmarcados en la tez fina y con el cabello en desorden bajando a sus hombros. Los mayores en voz alta nos guiaron en un Padrenuestro por los pescadores a quienes el temporal les salió al encuentro en su faena del día. Luego nos embargaron las santas cuestiones que vienen acá abajo con los temporales, que camas secas y un ulpo para los niños, el pan amasado, que el carbón no se moje, el mate con malicia que corre. Que fuimos y vinimos. El viento prosiguió toda la noche y al amanecer su concierto silbante y los árboles, deshojados y transparentes como fantasmas, parecen elevados al cielo. Las araucarias y eucaliptos, sin embargo, apenas son despojados de unas hojas. También las cercas de pino capean bien el temporal. Con las primeras luces de hoy día las aguas bravas se compadecieron de sus hijos, y alguien hizo notar que un arcoiris de paz se quedó dormido sobre las algas. Las mujeres miraron a sus hijos como una sola alma y se abrazaron, luego volvieron a sus casas y ninguna estaba destruida. El otro Waldemar fue que advirtió en la distancia de plata cuando junto al sol poco a poco se fue apareciendo algo semejante a un collar de hielos, eran los pescadores, salvos todos, con sus lanchones cóncavos intactos del mal tiempo, casi al ras del agua por el peso de la pesca abundante. Llegaron los botes cargados de peces, todos ayudando como cada uno podía, arrebatando las embarcaciones en vilo de las aguas para ser recibidos los valientes con aplausos. Hoy las gaviotas y los alcatraces se lanzaban en picada y sacaban del mar sus peces que parecen danzar en el aire, aún vivos, para luego engullirlos de un bocado. Los lobos marinos y sus familias amanecieron alborotados comiendo la pesca submarina que se vino abundante. Cuando entramos antes del mediodía por la ruta 78 del Sol que lleva hasta la misma cordillera nos envolvió un aroma a sándalo que brotaba del aire, y dedujimos que lo traía al valle las brisas que llegan desde las islas de Juan Fernández, donde más crece libre esta planta de flores róseas y madera amarilla olorosa. Cruzando por esta ruta desde el mar hasta la casa de Don Tano hace posible apreciar la magnificencia que ha alcanzado Santiago: puro edificio de buena y diversa factura subiendo la cordillera, con inapreciables paisajes de fondo. Del maestro Don Tano de Santiago, se dicen muchas cosas pero la verdad solo él mismo la sabe. Nadie niega que es un inmortal. De sus orígenes se han inventado fábulas dignas de mencionarse: según unos vino del sur antártico y aprendió su sabiduría del mismo Rey del Mundo interior, que vive en el fondo de los hielos desde hace siglos. Según otros, nunca ha salido de Santiago porque brotó del corazón de la gran cordillera de Los Andes, del mismo lugar donde salieron los primeros que vivieron en Chile hace más de 10000 años. Una vez oí a alguien preguntar a Don Tano cuál de estas dos versiones era la real, y él respondió: “¡Ambas, idiota!” Yo era joven entonces, pero recuerdo con claridad la situación; a pesar de llevarle de regalo, además de sus preciadas lisas y erizos un soberbio congrio colorado, recién pescado, mi primera impresión al llegar esa lejana mañana a su morada fue el ser inoportuno, al abrir él mismo la puerta y hacerme entrar cuando vi que estaban en su casa tres hombres desconocidos y una mujer, Doña Quela, de quien había oído hablar: de inmediato me ofreció un sorbo del agua que ella bebía en su vaso que volvió a llenar de un cántaro de greda negra, desapareciendo mi temor de importunar. Luego me integré de inmediato. Pero el temor me envolvió nuevamente al darme cuenta que estaba en presencia de gentes de conocimiento del valle, algunos de los cuales como Don Tano y Doña Quela, son tildados de inmortales. La primera hora sólo me dediqué a escuchar y a ratos tenía la sensación de no moverme simplemente porque mis músculos estaban aterrorizados. ¿Por qué se me aceptaba entre ellos? Había oído que existían inmortales sacrílegos que en sus reuniones sacrificaban a una víctima, a un simple mortal como yo, para regar con su sangre la tierra que los había reunido. Y mis músculos se paralizaban, sin embargo escuchaba atentamente cada palabra que decían y eso me fue tranquilizando. Luego me vino la impresión de que podría quedar en ridículo en cualquier instante si cometía un error, y de paso desprestigiar al maestro Don Tano quien era mi anfitrión. Necesitaba crear una estrategia para protegerme, y decidí, primero que nada, no abrir la boca si no se me preguntaba algo. Me senté en un taburete discretamente alejado del centro de la atención. Luego, cuando vi los ceniceros llenos los fui vaciando. Entre los datos que uno se va enterando con los años, de la mujer, Doña Quela, de ella se dice que es una inmortal que trabaja con el Disipador de las Dificultades y vive en Santiago desde el siglo XIII. Ha recibido el nombre de machi, maga, maestra, buena amiga, pero sólo es una inmortal que vive de su trabajo como médico siquiatra. No representa más de cuarenta años, bellísima y casi cegadora a la vista las veces que me atreví a verla a los ojos; es aconsejable caminar detrás de ella; alguna vez le había preguntado si era verdad que es una inmortal, y respondió: “¡Mejor cambiemos el temita! ¡No seas niño!”. Supe que uno de los hombres que allí estaban era un inmortal que vive en la Polinesia chilena desde el siglo XVII y es un tallador en piedra de las formas de Dios, que puede enseñar con jeroglíficos de escritura Rapa Nui la historia del pasado del hombre. Otro es un inmortal errante, avecindado en Santiago ejerciendo como maestro de primeras letras desde el siglo XVIII, discípulo en la edad media del maestro conocido como “el más grande de los inmortales” anotado en los libros de historia como el Doctor Máximus. El último hombre, que tampoco yo conocía, era un inmortal que terminaba su voto de silencio en soledad de 100 años en las alturas de la cordillera de Los Andes en cuyas faldas está construida Santiago coronando un valle que llega al mar, que veía desde su ermita elegida en las rocas: al hablar luego de su largo silencio, lo primero que dijo fue que no se necesitaban palabras pues aquí se trata de comunicarse de corazón a corazón. Todos lo elogiaron confirmando que en su silencio habló tan verazmente como pocos hombres han hablado con palabras comunes, y estuvieron de acuerdo en que obtuvo el don de transformar a los seres con su mirada. A la hora del almuerzo les preparé con rapidez las lisas y los erizos y sus expresiones al saborearlos borraron cualquiera aprehensión mía que pudiera aún existir: si me fueran a sacrificar, pensé, perfectamente podía yo antes haber envenenado su comida; así es: confíe en ellos como ellos me habían señalado su confianza al comer de mi mano con gran gusto. Las lisas las asé entre capas de sal del mar. A los erizos verdes espinudos de lengua oro viejo les agregué vino a gusto, y el soberbio congrio colorado que medía mas de un brazo, lo abrí con una cuchilla de ancha hoja, rellenándolo con manzanilla fresca que tomé del huerto de la casa. Al abrirlo se destajó como la piedra al golpe del agua. El carbón de álamo encendido bajo el fondo de la greda con ajo machacado en salmuera, asentó su sabor y lo llevé a la boca de los inmortales, ayudado en el servicio por Doña Quela quien, no sé si sería el vino que yo mismo iba probando, calzando sus sandalias de cobre con oro acordonadas, caminaba levemente elevada del suelo. Pensé en que así ni más les sirviera las lisas crujientes y los erizos, bastaría para que mi mano les sacie y les impida la pena este día. Pronto estaban cantando y riendo mientras comían, y yo servía y les aplaudía, mirándolos a ratos desde el alféizar de la puerta, haciéndoles reír con un chiste o todos moviéndose al toque de mis palmas, incentivados por el vino que sazonó mi congrio, que ellos probaron con deleite cuando solo suelen beber agua pura de los manantiales que bajan de las montañas sagradas chilenas. Luego, con algo de ceremonia recibiendo los elogios por la preparación del alimento, me quedé instalado en la mesa grande donde también había sido invitado a comer entre ellos, sin más. El inmortal que terminaba su voto de silencio, entre tanto, hablaba con vehemencia, y le hicieron bromas al respecto, las que tomaba de muy buen ánimo y seguía hablando como si nada, contó que en su soledad de la gruta había escrito un documento acerca de entrar en la tierra, vivir en ella y dejarla. Dijo: -Desde mi experiencia he visto al hombre como una gota de agua del mar; me refiero tanto a su individualidad presente como gota, como a todas sus individualidades pasadas como gotas y olas sucesivas de mar que al fin no es otra cosa que una gota más otra gota; así veo al hombre como el vínculo que une todas las humanidades que fueron y que son. Y así como he admirado desde mi silencio en la altura donde me encontraba la grandiosidad del mar a lo lejos más allá de Santiago, he podido ver algo de la grandeza de la gota, en su posible función como una parte consciente del mar. Como personas para conocer la relación entre la gota y el mar tenemos que dejar de pensar en lo que creemos que son los intereses de la gota sin conocerlos. Y también olvidar lo que creemos que somos, como todo hombre cuya mortalidad física no es más que una pequeña parte de su realidad. En mi silencio la relación con el mar solo estaba suspendida y no interrumpida. Mucha gente venía a verme en mi ermita esperando que yo hablara o dijera algo, y al ver mi silencio infranqueable decían: “¡Oh, éste es en verdad un hombre sabio”, y se quedaban a servirme un tiempo hasta que su propia vida los llevaba por otro camino que no era el mío porque la búsqueda siempre es individual. Supe que muchos hombres practican virtudes o se asocian con gente sabia (que a veces se puede confundir con gente silenciosa) creyendo que de este modo alcanzarán la sabiduría. Se engañan. El error está al suponer absurdamente que la sola conexión con algo valioso transmitirá una ventaja correspondiente, pero es necesario mucho más, porque un asno que usa una biblioteca como establo no aprende a leer ni a escribir, y el hilo no deja de ser hilo por pasar a través de las perlas que hacen el collar. El hombre mortal no sólo está en contacto con el bien, sino con alguna de sus formas: es capaz de transmitir su función y de mejorarla. Sabe que la tierra seca no se hace fértil por la presencia de un tesoro, porque se ha de actuar de cierta manera para reavivar la tierra, ararla, regarla, ventilarla al sol. Pero un tesoro es un tesoro y existe a pesar de la ruina que parece ser la tierra que lo cubre. Así es el hombre: un tesoro cubierto por tierra arándose, porque sea mortal o inmortal es un tesoro el solo hecho de ser hombre. Desde estas distancias, ciertas noches me he deleitado en esta ciudad que se alumbra por sí misma desde que se enciende como un panal de luciérnagas cuando el sol cae al mar. Desde mi lejanía en el amanecer andino, Santiago va naciendo entre los montes como una flor al sol. Debo decir que mucho me ha sostenido la belleza de estas alturas que rodean la ciudad, de las más frías que puedan existir, pero es en verdad un oasis que más no desea uno para vivir. Ahora buscaré un maestro vivo mortal, un estudiante en proceso de despertar, y las circunstancias adecuadas para insertarme y subsistir en la sociedad de Santiago. Habló el inmortal errante: -Deduzcamos que nuestra cultura es distinta a la cultura usual, que sólo se adquiere por la información, las opiniones y el aprendizaje convencional. Tampoco es la nuestra una cultura religiosa, que es repetitiva, sigue reglas y disciplinas y se comporta de modo ético aceptable. De la cultura humana he entendido que es un desarrollo que cualquiera puede practicar, que percibe lo pertinente, ejercita la concentración y el silencio de la contemplación, cultiva experiencias interiores y sigue el camino de la búsqueda y la cercanía con lo vivo en general. El hombre mortal de conocimiento se debe diferenciar del intelectual, culto, instruido o similares que sólo son instrumentos. La vida enseña hasta qué grado pueden emplearse estos instrumentos y también cómo aunar la acción con el destino. Aquí, la gente suele decir que quiere ayuda cuando lo que desea es que se le preste atención. Dicen que quieren escuchar, cuando quieren ser escuchados. Su mayor esfuerzo y lo más valioso humano es que si van a alguna parte a comprar algo, primero deben ganar el dinero y tener alguna idea de lo que necesitan. En cuanto al niño, aquí y allá es como una fruta: nace cuando está maduro. En relación al lugar donde uno ha elegido vivir, debo decir que para mi es lo mismo porque he entendido que desde donde uno está, parte el universo. Desde donde uno está puede hacer algo, por ejemplo, para saciar el hambre de un semejante, ¿cómo conquistar el mundo interior con el estómago vacío? Tengo planeado tomar el primer trabajo que se me presente, al final se trata aquí de hacer bien cualquiera sea el oficio que practicamos. Habló el inmortal tallador de piedra: -Estamos de acuerdo, la buena práctica del oficio solucionaría todos los males en el mundo. En particular, la principal herramienta es la educación, la palabra, el tallado que hace diferente a la piedra y la hace útil con su técnica, que es copiada por otros talladores y creen que esa técnica es el camino para llegar a la forma final, que no existe porque siempre la forma cambia a pesar de todo, pero, entre tanto se transmite el conocimiento. Ya que la forma pertenece al tiempo, como un manto viejo, aquellos que simplemente imitan formas viejas son incapaces de reconocer las formas del tiempo que viven. Así, cuando el camino inmortal fue predicado por vez primera en tiempos remotos, unos dijeron: “Es una herejía”, otros dijeron: “Es un secreto que no debe decirse en público”. Los primeros eran clérigos de estrecho criterio; los otros, conformistas limitados a la forma exterior humana, aunque el amor, por ejemplo, hace a todos los hombres como inmortales. Unos, otros y nosotros mismos, al fin somos todos como olas que rompen sobre las rocas del mismo mar, en diferentes formas, con igual misterio, porque al final en el vivir siempre o por un tiempo en la tierra, su propósito final está oculto para mortales e inmortales y eso nos hace, al final, iguales. Dijo Doña Quela: -Lo que estamos haciendo por el mundo y por las personas, a menudo no es visto por el observador. Una usa sus poderes para enseñar, para curar, para hacer feliz a las personas y los otros seres vivos, de acuerdo con las mejores razones que existen para usar los poderes. Si una no demuestra milagros esto no quiere decir que no los haga. Si es rechazado el beneficio en la forma en que el hombre lo desea, no es porque no se pueda. A él se beneficia de acuerdo a sus méritos y no como una respuesta a una exigencia suya, porque el hombre tiene un deber superior: esto es lo que está realizando con sus propios medios. Muchos, aunque estén buscando una vida mejor ni siquiera tendrían vida sin los esfuerzos de los menos. Muchos hombres que han llegado a mi consulta médica creen que han recibido mi enseñanza. En realidad han estado físicamente presentes en mi consulta, mientras se les enseñaba en otra. Mi tarea junto al Disipador de las Dificultades es beneficiar a todos. La tarea de hacer que ese beneficio lo reconozcan, corresponde a otros. Mi tragedia es que, mientras estaban esperando que yo les hiciera milagros y provocara cambios comprobables humanamente, han inventado milagros que no realicé y algunos han desarrollado hacia mi una devoción que no tiene valor alguno. Y han imaginado “cambios” y “ayuda” y “lecciones” que no han ocurrido. Sin embargo los “cambios”, la “ayuda”, las “lecciones” están ahí. Ahora trabajo en ayudarles a descubrir lo que en realidad son. Mi desafío fatigoso de cada día es inducir que si continúan pensando y haciendo lo que yo dije que pensaran e hicieran, están trabajando con los materiales de ayer, que ya han sido utilizados. Igual siempre les repito que no hablen de su angustia pues El está hablando. No lo busquen pues El está buscando. El siente hasta el roce de la pata de una hormiga. Si una piedra se mueve debajo del agua, El lo sabe. Si hay un gusano naciendo debajo de la tierra, El conoce su cuerpo más diminuto que un átomo porque El ha dado al gusano su sustento. Sabe del sonido de la alabanza y de su oculta percepción por Su intervención en todas las cosas. Hacer o dejar de hacer cualquier cosa concebida es posible para El. Nada es ni necesario ni imposible para El. La prueba de Su existencia es que estamos aquí, hoy, hablando de El. Aquí en Santiago me he ido quedando como una se va quedando con los grandes amores. Sin embargo, debo decir que no me une precisamente a la ciudad el amor, sino el espanto. Debe ser por eso que la amo tanto. A ratos, todos ellos decían a manera de letanía: En la fugacidad de una luz está el hombre / En el amanecer del mar está el hombre / En la dura tarea ritual forzada del mago está el hombre / En el movimiento que responde a otro movimiento está el hombre / No en el libro sino en la mano que lo escribe está el hombre / En la gracia que posee lo gracioso, y no en su mente está el hombre / Entre la pregunta y la respuesta, entre ambas y no en ellas está el hombre / Entre los ágiles pasos de los caballos está el hombre / En la perla rechazada por el pescador de ostras está el hombre / En lo inexplicable del cambio aparente está el hombre / En el intercambio de la dulzura está el hombre / En la pulsación del tic-tac / En el silencio / En el reposo / En lo coherente y lo incoherente está el hombre / En el resplandor de la chispa está el hombre / En la llama saltarina del fuego / En el calor y en lo quemante está el hombre / En la relajación y la agitación está el hombre / En la armonía / En el amor / En el ser mismo / En la verdad / En lo absoluto está el hombre. Habló Don Tano: -En lo absoluto está el hombre porque él mismo es quien trae a todas las criaturas, mortales o inmortales desde la no-existencia a la existencia, puesto que lo no-existente no tiene poder de actuar por sí mismo. Primero, vinimos al mundo inerte. De mineral evolucionamos hacia el mundo del mar y luego pasamos hacia el reino vegetal. Y así vivimos durante años hasta evolucionar al estado animal y volvernos hombres, sin memoria alguna de nuestra anterior condición, excepto por la atracción que sobre todos ejerce la primavera, la luna llena, las profundidades de la tierra y las aguas. Una y otra vez el hombre ha crecido como el pasto; pasó de un reino a otro hasta alcanzar su presente estado de razonamiento, equilibrado y robusto, olvidando las formas primarias de inteligencia subiendo más y más la escala y así también pasará más allá de su forma actual de percepción; hay otras mil formas de la mente como puertas que se abren por necesidad que así unos y otros desarrollamos órganos. Entonces, ¿por qué unos y otros han de temer desaparecer cuando se muere? Mortales e inmortales una y otra vez naceremos y aún tenemos que pasar a través de cien mundos diferentes y tendremos alas como los ángeles y nos elevaremos más allá de los ángeles. Aquello que no podemos imaginar: en eso somos iguales unos y otros. (c)Waldemar Verdugo Fuentes

4 de marzo de 2012

MORRISEY EN CHILE

MORRISEY, ASEXUALES FUERA DEL CLÓSET. Hace unos días he visto actuar en el Festival de la Canción de Viña del Mar al músico inglés Steven Patrick Morrissey, nacido en 1959, quien se inició escribiendo, especialmente poesía, influenciado por autores como Oscar Wilde y Goethe, además de ser fanático de la música pop y el cine. Siendo parte del grupo The Smiths, graba exitosos álbumes entre 1982 y 1987, año en que decide reiniciar su vida profesional como solista y se declara asexual, “para dirigir mis energías sexuales a mi creación musical, y a luchar contra la matanza inusitada de animales”, editando desde el exitoso “Viva Hate” en 1988, una lista de composiciones musicales que incluyen poco más de una veintena, con títulos señeros como “Kill Uncle”, de 1991, a “Years of Refusal” y “Sword”, ambas editadas en 2009. En verdad, en escena muestra una energía envidiable Morrisey, Moz, como le dicen sus fanáticos. Mostró intacta su garganta privilegiada, de la que brotan sin dificultad sonidos sacros y guturales a su antojo, que acompaña con sus juegos gestuales sin amaneramiento, siempre fresco, dramático, a ratos cayendo en estado de gracia, transportado a otro estado de conciencia y comunicándolo. De los asexuales, el llamado cuarto sexo, se dice que han logrado sublimar su capacidad sexual, viviendo sin ninguna preocupación por los asuntos concernientes al sexo, sin por eso ser gentes extrañas. Serían los asexuales personas que aparentemente han pasado la etapa simplemente instintiva, la han superado en forma tal que todas sus energías sexo afectivas las entregan al servicio de una idea, de un principio o de algún afán en la órbita de la creación artística o técnica. La asexualidad hoy día sale del clóset luego de una época en que era territorio de personas alejadas del común denominador: se explica por una ocupación de las neuronas en menesteres más altos que los sexuales, en otro motivo, otra razón para justificar su presencia en el organismo humano. La asexualidad se manifiesta por medio de la más absoluta quietud instintiva, pero produciendo ideas conductoras, descubriendo cosas, creando nuevos arquetipos sociales, una inédita cultura. Podríamos definir a las personas asexuales como aquellas que presentan un interés mínimo, o ninguno, por el sexo en cualquiera de sus expresiones. En este punto, es preciso diferenciar asexualidad de celibato ya que el primero podría referir a una condición mientras que el celibato a una decisión personal. Los célibes son personas que eligen eliminar las relaciones sexuales de su vida por diferentes motivos que pueden ser éticos, religiosos, morales. En cambio las personas asexuales no practican el sexo debido al escaso grado de importancia que le asignan, o lo han sublimado hasta el grado de no renunciar al sexo pero sí a eyacular en beneficio de la salud del hombre y la satisfacción de la mujer, buscando el crecimiento de ambos, lo que representa un desafío para nuestra civilización. Aspecto este último que inspira mi libro “El amor en la isla de los inmortales”. Sólo aquí anoto que en general hoy consideramos al cuarto sexo una conducta insólita, sin embargo, para unos pocos es la experiencia que ha de terminar por hacer madurar al hombre de mano con la técnica. La legendaria escala del doctor Alfred C. Kinsey, pionero en realizar y documentar estudios serios de comportamiento sexual humano, publicada en 1948, explica mediante una clasificación que va de 6 a 0 las diferentes preferencias sexuales de una persona, asignando una categoría adicional (que llamó “x”) para la asexualidad, por tratarse de una conducta que no encuadra en ninguna de las otras contenidas en la escala. En 2010, de acuerdo a un estudio de la doctora Emilia Rivera, investigadora de la Universidad de Chile, con apoyo de estudiosos de la Organización Mundial de la Salud, aproximadamente el 3 por ciento de la población mundial se declara asexual, y aseguran no tener ningún interés en el ejercicio de su sexualidad. Algunos especialistas afirman que se trata de una elección más en la vida de una persona, otros aseguran que podría encuadrarse dentro de una patología psicológica motivada por abusos en la niñez, experiencias sexuales traumáticas, desencanto, opción natural después del desenfreno y otras causas. Hay quienes dicen que la asexualidad es la respuesta biológica a la necesidad de relacionarse con el otro desde el afecto, el intelecto, la emoción y los ideales. Tal vez las personas asexuales han decidido poner al sexo muy atrás en su escala de prioridades y demostrar que aún así pueden ser felices. ¿Una elección? ¿Una condición? Interrogantes con respuestas basadas en hipótesis que comienzan a encontrar puntos de acuerdo. La doctora Rivera afirma: -Curiosamente, para la sexología actual, a pesar de las estadísticas y realidad, sólo existen las orientaciones sexuales heterosexual, homosexual y bisexual, y por lo tanto no existe el ser asexual porque siempre va a estar marcado por una de las tres orientaciones. Es necesario actualizar conceptos y aceptar la existencia de un número de la población cuya orientación es un cuarto sexo, singularmente asexuado. Otros especialistas, como el sociólogo francés Jean Philippe de Tonnac, autor del libro “La Revolución Asexual”, afirman que la asexualidad es una reacción defensiva frente al terrorismo del todo-sexual. Algo así como una manifestación de protesta inconsciente hacia un mundo que hace del sexo un culto y un medio para alcanzar todo en la vida. En el siglo XX se sucedieron décadas de destape sobre temas relacionados con el sexo, al punto de dejar de ser tabú. Eso determinó nuevas formas de comunicación y comportamiento. Pero el aislamiento social, el sexo presente todo el tiempo en todas partes, las presiones de éxito en la sociedad de consumo, han cuestionado también las elecciones sexuales. El caso es que la sociedad condena toda aquella conducta que salga de los carriles establecidos por la mayoría, aunque los asexuales no se consideran seres enfermos y la sociedad aún no sabe cómo asumirlos. El doctor Sigmund Freud sostenía que gran parte de los trastornos mentales radican en la represión sexual, pero tampoco existe una conducta reprimida en quien se declara asexual. Simplemente no disfrutan del contacto erótico con otra persona y no encuentran en esto ninguna anomalía. Curiosamente, en los informes médicos de causas criminales o actuaciones al margen de la sociedad raramente hay personas asexuales, quienes despiertan controversias como la muy difundida en torno a cierta posible causa en una disfunción en el desarrollo de las relaciones afectivas, lo que ellos explican diciendo que el hecho de que una persona no demuestre interés en el sexo no implica obligadamente que sea incapaz de construir una relación romántica con otra persona, una pareja, incluso casarse y hasta formar una familia. Por supuesto que no resulta sencillo. Una pareja formada por un asexual con otra persona que no lo sea, será conflictiva desde el momento en que las relaciones sexuales son parte indivisible del concepto estándar de pareja, y el desinterés por el sexo de uno de los miembros afectará la intimidad del vínculo, lo que no es raro negociar acordando, por ejemplo, sexo una vez a la semana, que al fin es una práctica común entre matrimonios heterosexuales, hasta llegar ambos a la asexualidad. La más importante comunidad de asexuales en el mundo, la Asexual Visibility and Education Network (AVEN), considera un asunto de educación, siendo más común de lo que parece la pareja de asexuales ambos, estableciendo los grados de asexualidad en una escala de A hasta D, lo que a pesar de ser una clasificación rígida, contribuye a identificar las variantes de esta conducta; A: tiene deseo sexual, pero ninguna atracción romántica. B: tiene atracción romántica, pero sin apetito sexual. C: tiene ambos. D: ninguno de los dos. En nuestro siglo XXI el conocimiento acerca del control voluntario de las respuestas sexuales que inspira al cuarto sexo, apenas está empezando. La AVEN propone una serie de pautas por las que un hombre o una mujer se puede descubrir como asexual. Lo primero que se advierte es que, tal cual en todas las opciones sexuales, la asexualidad se asume de forma voluntaria e individual, y que como cualquier otra elección de sexo, no hay un solo modelo o traje al que se ajuste. Al mismo tiempo que se identifican asexuales algunos heterosexuales, homosexuales y bisexuales, otros asexuales perciben una débil o nula atracción, y no se incluyen en orientación sexual alguna. En este último caso, por lo general no contemplan su falta de deseo como un problema médico o psicológico. Unos no sienten necesidad de abrirse al exterior. Otros, en cambio, son muy sociales y mantienen relaciones de amistad que les otorgan contención y apoyo. Su variedad y diversidad humanas se refleja en asociaciones de íntima amistad o formas de uniones que emborronan el límite entre amistad y pareja. Hasta hace bien poco, un asexual era una persona a la que se le asociaba con una vida de soledad y aislamiento. Pues ese es otro convencionalismo que la nueva sociedad a partir de Internet aspira a dejar obsoleto: abriendo el intercambio público de experiencia entre asexuales y, lo que es inédito, explicitando la afirmación de estos como personas tan normales y válidas como sus congéneres sexuados. Enseñando que los asexuales pueden ser tan felices o infelices como cualquiera, tanto como puede serlo un hetero, un bisexual o un gay. Políticamente, por supuesto que hoy, más que todas las minorías sexuales en su momento, los asexuales se ven como un peligro para el orden social establecido, por ser el sexo la cosa más política que existe, y su manejo ha sostenido el poder de los Estados, las iglesias y los feudos capitalistas. Históricamente, la sexualidad se puede encauzar por dos caminos: el de la procreación y el del crecimiento de la conciencia. En la transformación hay bifurcaciones de caminos: uno de ellos llevó al glorioso movimiento Hippie de los años sesenta, en que las flores y el amor libre despertaron un aspecto muy delicado del hombre en la década de 1960. Se dice que los hippies liberados de entonces son los asexuales de hoy día, quienes predican que más allá del sexo hay aún algo. Cuando no se tiene claro si es la expansión de la conciencia la que precede a la transformación de la sexualidad o si es la nueva experiencia de orden en la práctica sexual la que provoca el crecimiento de la conciencia; muchos creen que ambas expresiones de la energía son tan inseparables que virtualmente son como una sola. En China antigua la denominan Tao, para explicar con una voz esta energía. Tao se ha traducido como camino, sendero, cruce, puente para cuyo transitar existe toda una técnica accesible. Se cree que algunas expresiones sexuales como la continencia y el control de la eyaculación rescatan esta idea, afirmando que si no se descarga la energía sexual en el acto (si no se eyacula hacia fuera), el semen se puede dirigir hacia dentro, transmutándolo en un nivel más alto de percepción. Científicos inmersos en la nueva sexología afirman que las células se revitalizan a través de esta alta frecuencia de energía que solo genera el cuerpo humano. Es la realización física del espíritu por integración del plano que sentimos y aquel que permanece oculto a nuestros ojos, pero que nos hace sentir inmortales. Se ha insistido en la posibilidad de que todos esos atributos mágicos que se atribuyen a ciertos personajes de la historia, están relacionados con manifestaciones externas de un elevado nivel de voluntad, o sea, la proyección del dominio interior en que lo sexual ocupa su espacio por derecho propio. Y sabemos que la humanidad ha evolucionado desde una vida animal primitiva a una vida cada vez más avanzada, y lo hemos hecho como hemos podido, intuyendo resultados. Sin embargo, en casi todas las culturas conocidas, lo usual es el aplazamiento temporal de la sexualidad en la niñez como norma socialmente organizada. Pues se intuye que si bien el desarrollo fisiológico incentivado con esta energía es importante especialmente en un niño, el despertar temprano de ella no es necesario, porque todo tiene su tiempo. También la energía sexual parece estar asociada con la capacidad creadora, lo que involucraría a las personas intemporalmente. Por eso, se cree que el nuevo modelo de conciencia sexual tendrá que estar dirigido hacia nuestro interior, porque para ser consciente de uno mismo como ser cósmico se necesita descubrir la naturaleza de nuestra propia esencia. En todo caso, imaginar siquiera la posibilidad de que se pueda renunciar al deseo sexual, implica la presencia de una nueva clase de conocimiento. El cuarto sexo ha existido siempre, pero ahora, la conexión virtual y la salida del clóset les permite una opción óptima: comprometerse con otros asexuales y enfrentar una familia abierta a la sociedad, como cualquier otra. Lo mejor es vivir sin sexo, afirman los asexuales, entre quienes, históricamente, se encuentran famosos como Fréderic Chopin: su propia compañera durante diez años, George Sand, así lo afirmaba y se definía ella misma también como asexual; Salvador Dalí en su libro “Vida Secreta” zanjó el tema del sexo con un “aquello no es para mí. Mi madre me devoró el pene cuando era pequeño”. Sin embargo mantuvo una larga y fructífera relación con Gala, que no era asexual. Quien sí lo era es J. M. Barrie: novelista y dramaturgo francés, famoso por crear el personaje de Peter Pan, perfectamente asexuado; como lo fue, en apariencia, Henry Cavendish, físico y químico británico, aunque también se dice de él que padecía autismo o una forma extrema de fobia social. También se dice de Adolf Hitler, cuya sexualidad o falta de ella fue discutida en el libro “The Hidden Hitler”, donde Lothar Machtan afirma que al parecer Hitler embebido en la política, “nunca se preocupó eróticamente demasiado, al punto que muchos lo consideraban neutro o asexuado": la actriz Marlene Dietrich describió a Hitler como "un capullo que tenía miedo a las mujeres". Asexuado asumido era Paul Bowles, escritor norteamericano, autor de “El cielo protector”, que conoció en 1937 a la británica Jane Sydney Auer, una novelista lesbiana enferma de tuberculosis: su matrimonio constituyó una sólida y romántica relación asexual, que no supuso obstáculo alguno para que Jane continuara con su búsqueda de nuevas amantes. Bárbara Cartland, la escritora inglesa de novelas románticas, declaraba que su vida carecía de sexo. También Isabel I de Inglaterra, llamada la reina Virgen, a la que nunca se le pudo atribuir roce sexual alguno. Por supuesto que los asexuales suelen citar que San José y la Virgen María son la pareja asexual significativa de su historia. La escritora Nobel chilena Gabriela Mistral, sin desestimar el placer sexual (su poesía amorosa heterosexual es notable y mantuvo una relación amorosa con su secretaria Doris Dana, a quien dedicó poemas considerados a la altura de los escritos por Safo de Lesbos), vivió célibe largas épocas de su vida, haciendo voto a su inclinación franciscana, que la inclinó a crear su concepción referida al placer que da la práctica del oficio; ella llega a ver el oficio como un pacto con Dios que hace feliz; decía que basta que cada persona cumpla bien su oficio para que se acaben los problemas en el mundo, por esto fue muy importante en su labor extender el acceso a la educación, "para que cada uno tenga el placer de hacer bien su oficio". Para Gabriela Mistral este placer que se siente al desempeñar un oficio amado es exclusivamente humano, por eso se le relaciona con el orden superior al no requerir aporte sensorial alguno, a lo inherente al placer de índole sexual. El amor en su obra literaria constituye también una fuente no-sensorial en que el placer se manifiesta en toda su excelsa plenitud. De hecho, el cerebro humano es tan omnisciente que una persona puede entregar su vida por otra o por una idea. Este placer altruista ha quedado como modelo sicológico en el Principio de Antígona de Wolman, en que Antígona realiza el acto más significativo que puede hacer en su vida: muere para defender la dignidad de su hermano muerto. Este principio representa las experiencias posibles de realizar en que el amor provoca una respuesta superior a la vida misma. Dentro del comportamiento humano, debemos decirlo, los actos de humanidad hacia nuestros seres amados, en principio, nacen con el hombre mismo. No es tan rara, entonces, esta cualidad humana de renunciar a un placer inferior por un placer superior, en caso de haber desarrollado naturalmente el deseo. Si acaso al asexualidad sea una forma de perfeccionar el amor, si es posible. Entre los personajes de ficción, es asexual Sherlock Holmes, el detective creado por sir Arthur Conan Doyle, célebre autor también de una novela muy entretenida: “El mundo perdido”, sin embargo, aparentemente Holmes pudo haberse enamorado de “Irene Adler”, bueno, de la inteligencia de Irene, personaje femenino por quien él siente admiración, “no es amor ni deseo carnal, es algo mayor: es admiración por su inteligencia”, es fascinación por ser ella la única persona que logró engañarlo en un caso, el que se narra en "Escándalo en Bohemia". En la televisión un personaje asexual popular ha sido el brillante y excéntrico doctor Sheldon Cooper, de la sitcom “The Big Bang Theory”. Sheldon no demuestra absolutamente nada de interés en mujeres ni en hombres, y siempre habla del sexo y el amor desde un lugar científico y objetivo. En un capítulo, Penny, el personaje femenino de la tira, les pregunta a los amigos de Sheldon qué le gusta a éste, si hombres o mujeres, y uno de ellos (Leonard) le dice: “No sabemos.” También está el asesino serial vigilante Dexter Morgan, de la serie de libros de Jeff Lindsay, llevado a la televisión en la serie “Dexter”, donde en la extensión se le inventó una novia, para alivianarlo. En la vida real, fueron asexuales Isaac Newton, el célebre matemático inglés quien creció en un ambiente puritano, que además de forjarle una personalidad depresiva, le hizo engendrar una absoluta indiferencia por los asuntos del sexo, aunque hay quienes aseguran que lo suyo fue represión sexual que se auto impuso al odiar su homosexualidad. Fueron asexuales asumidos George Washington Carver, Immanuel Kant, Maurice Ravel, John Ruskin, Alberto Santos-Dumont, Stephen Somerville, Carlos II de Suecia, Ralph Nader. El excepcional músico y director de orquesta norteamericano Le Sun-Ra (1914-1993), cuyo verdadero nombre era Herman Sonny Blount, que ocupa su lugar propio con música de jazz, explicaba su asexualidad diciendo que procedía del espacio y que era un ser celestial. Tomado en su vida por loco, sin embargo, su aporte al mundo sonoro es extraordinario; fue el primer músico de jazz en utilizar todo tipo de instrumentos electrónicos aparte del piano acústico: el piano eléctrico, el rocksichord, los primeros mini-moog, el clavioline, la celesta, los primeros sintetizadores polifónicos; creó su propio sello discográfico, Saturn Records, a fin de tener libertad para publicar la música que quisiera; fue igualmente un prolífico escritor de poesías, que aparecían en las portadas de sus discos o editados en libros por él mismo. Por supuesto que la práctica de la asexualidad es antigua en la vida del hombre, y ha servido como fuente de inspiración también para escuela filosóficas que mantienen su poder y misterio en ascetas que luchan hasta hoy por dominar la materia para fortalecer al espíritu. Hoy, los asexuales no aceptan su opción como un rechazo al amor: son hombres y mujeres que han elegido la abstinencia sexual no por defecto, es decir por falta de una compañía adecuada, sino como un medio de amar en que no existe una nueva represión, sino como una progresión consciente y asumida libremente. Por ejemplo, el movimiento estadounidense Vírgenes Renovadas, iniciado a finales del siglo XX y formado por mujeres, no siguen los dogmas de creencias religiosas o morales, sino que están convencidas de que la vida sin sexo les permite encontrar la libertad, mejorar la autoestima y tener mayor confianza en sí mismas. Movimiento que ha crecido con fuerza, buscan su identidad como personas controlando a través de la abstinencia su vida sexual. Aunque no se sabe cuántas mujeres siguen actualmente esta tendencia, en 2000 la periodista Wendy Keller, luego de unirse a ellas escribió su obra “El culto de la virgen renacida”, donde plantea que el mayor número de mujeres que llega a la abstinencia sexual, “tal vez un cincuenta por ciento de ellas lo decide porque tiene mucha rabia, cansada de siglos de manipulación y esclavitud íntima, en una cultura universal donde se maneja el patrón de que el hombre es más viril mientras más mujeres tenga; donde el costo que paga la mujer por su libertad sexual es alto y sinónimo de prostituta”. Hay siquiatras que señalan que no es extraño que surja este tipo de movimientos abstencionistas, cuando varios grupos sociales están tomando una posición más radical respecto de las cosas, lo que tiene que ver con los cambios culturales, cuando vivimos una era donde los avances comunicacionales están variando hasta las mismas relaciones de la pareja, ahora cuando cada vez se hace más común su búsqueda y encuentro por Internet, siendo este tipo de movimientos secuelas muy singular del ser humano, cambio que tiende a sacar, en realidad, todos los sexos del clóset. Pero que, a la vez, según algunos siquiatras como el doctor Aurelio Campos Ríos, del Servicio Nacional de Salud de Chile, “puede incidir esta apertura a las cosas del sexo, también con cierto brote de lo que en versión femenina sería el miedo al sexo, al involucrarse, y en versión masculina la eyaculación precoz y el alcoholismo, entre otros. Siendo lo común el que las mujeres tienden a involucrarse sentimentalmente en una relación sexual, al contrario de los hombres, por lo tanto cualquier frustración se transforma en una decepción y un encerrarse en sí mismas. Siendo este tipo de movimientos, para las mujeres que han tenido malas experiencias o traumas, una opción reactiva y no una opción sana. Sin embargo, en general es respetable cuando no son factores de este tipo los que inclinan a estas mujeres, por lo que hay que darles atención, cuando psiquiátricamente, por principio, no hay que desechar el proyecto de pareja.” Sin dudas que hoy la ciencia apoya cada vez más a estos grupos sociales que toman posiciones radicales respecto a la vida, cuando ya es posible que parejas incluso del mismo sexo puedan concebir hijos, en que el embrión puede ser implantado en el vientre de cualquier madre sustituta o técnicamente posible en el mismo abdomen de un hombre. Es un momento cuando el desarrollo de la ciencia apunta hacia la creación de seres humanos prescindiendo del embarazo natural. Así, hay avances que se realizan en los países anglosajones buscando la posibilidad de que dos hombres puedan tener hijos dejando fuera los genes de la mujer, cuando el papel de esta última se hace común limitada al de madre sustituta, es decir, sólo prestando su vientre para que el embrión pueda desarrollarse y llegar a nacer. Uno de los pioneros en plantear la alternativa de combinar el ADN de los dos padres en el recién nacido fue el doctor Calum MacKellar, profesor de bioética y bioquímica de la Universidad de Edimburgo, en Escocia, quien realizó los primeros experimentos teóricos, tomando un óvulo donado por una mujer al cual le extrajo el núcleo para reemplazarlo por el de un espermio. Una vez reconstituido el huevo, éste fue fertilizado in vitro por un espermio de otro hombre, tras lo cual fue introducido en el útero de una mujer para que cursara el embarazo de manera natural. Logrando controlar el implante del huevo en la madre, confirmó que es teóricamente posible tener un niño que cuente con el material genético de dos padres varones. El doctor MacKellar, quien actualmente dirige una organización llamada Investigación Bioética Europea, reconoce que en la actualidad aún existen importantes obstáculos que impiden que esta idea se haga realidad. Esto porque al embrión creado usando solamente el ADN paterno, le faltaría el denominado imprinting genético materno que le permite desarrollarse normalmente. La doctora Laura Waiker, presidenta de la Sociedad Genética de Chile, indica que esta imposibilidad, “se debe a la ausencia en este caso de la marca genética materna necesaria para el desarrollo del feto”, señalando que esta marca está dada por ciertas moléculas que, a modo de cerradura, impiden que ciertos genes se manifiesten hasta que la molécula es retirada del lugar. En ese momento que puede ser la niñez, la adolescencia o cualquier otro período de la vida, se despierta el gen que comienza a expresarse: “Todo esto sigue un orden que no existe cuando se mezclan los materiales genéticos de dos hombres o de dos mujeres, lo que no dice que sea imposible, sólo es que los estudios para descubrir un sustituto están en proceso de investigación, y varios trabajos al respecto se están comenzando a realizar”. Si este obstáculo es superado permitiría que un embrión de este tipo pueda crecer de manera normal, según plantea el doctor MacKellar: “Pero falta superar obstáculos tan simples como permisos para experimentar. Médicamente, el que esta materia no haya sido establecida y definida por la comisión científica internacional obedece a que existe mucha oposición aún en el uso de embriones humanos para fines experimentales, siendo la comisión médica de Gran Bretaña pionera en recomendar el uso de nuestros embriones para fines médicos, en este caso buscando utilizar la información del genoma masculino y femenino aisladamente para construir un huevo”. El doctor y académico Carlos Valenzuela, genetista del Instituto de Ciencias Biomédicas de la Universidad de Chile, afirma que de llegarse a este punto incluso el vientre de una madre sustituta no será necesario, ya que el huevo obtenido “podría ser implantado en el abdomen de un hombre. Este tipo de embarazos, en que el embrión se anida en el peritoneo, ha existido en mujeres y ha llegado a término. Teóricamente no hay problemas para sintetizar seres humanos, y en algún momento incluso no será necesario utilizar el útero. Esta tendencia es la que venimos observando desde hace tiempo. Antes los fetos de siete u ocho meses se morían, mientras que ahora se logra salvar incluso a los de cuatro meses y medio que son dejados en incubadoras y se logran recuperar, lo que nos deja un período de disponibilidad de uso del útero de cuatro meses y medio, que también será superado”. El caso es que de las aproximadamente 2 millones de especies animales que han sido descritas por los biólogos, alrededor de 2000 se reproducen habitualmente de forma asexual; una de cada mil no es precisamente una alta proporción, pero ahí está. A la vista de estas cifras, los biólogos se han preguntado por qué la mayoría de los animales ha elegido una forma de reproducción sexual para perpetuar su especie. Los estudios han revelado que la principal ventaja de la reproducción sexual es aportar diversidad genética a la descendencia. Durante la formación de las células reproductoras, los cromosomas sufren un auténtico proceso de barajado, que hace que los genes se mezclen, de forma que la dotación genética de cada individuo que nace por medio del sexo, es única e irrepetible. La diversidad genética que aparece de este modo en la población confiere dos ventajas principales: la resistencia frente a parásitos y normalmente la eliminación de los genes con mutaciones defectuosas; la reproducción sexual permite fijar más rápidamente las mutaciones que resultan beneficiosas, actuando como un auténtico acelerador de la evolución. Conociendo estos datos resulta difícil entender por qué miles de especies de animales se reproducen de forma asexual, y es que, dadas las enormes ventajas del sexo, cabría esperar que las especies que han decidido retornar a un modo de reproducción asexual no fueran otra cosa que un callejón sin salida evolutivo, sometidas a agresiones de parásitos y a la continua degeneración de su propio código genético, condenadas a desaparecer tras unos pocos millones de años. Los estudios acerca de la asexualidad están en pañales. Sin dudas que la vía erótica, como la estética, la artística, la ascética, la meditativa, la contemplativa, la del oficio, cumple su función: la de liberar poderosas energías que propulsa a planos más altos de consciencia. Negar como trivializar el acto sexual, desacralizarlo como es cada día más común y, por otro lado, alimentar una compulsiva obsesión sexual, como abstenerse de ella siempre es perder la oportunidad de la sabia utilización mística del sexo más allá del sexo, que citan varios libros sagrados. Cuando la relación sexual tiene un significado profundo que va mucho más allá de la mera oportunidad o deber conyugal. Es esa unión entre dos seres y no sólo la unión sexual, la que se convierte en ciencia o medio de iluminación. Entre los taoístas se dice que una cópula mágica permite vivir años de abstinencia. Por eso, para ellos, cada relación sexual es una relación única. Se recurre al intercambio amoroso porque se es capaz de despertar poderosos sentimientos que pueden canalizarse ascendentemente y porque la experiencia extática del sexo proyecta al otro lado del pensamiento, hacia el ser, que hace tan sensitivo el amante como para percibir hasta el último poro del cuerpo de la persona amada, a manera de comunicación intercelular. El caso es que hemos buscado desde siempre respuestas a nuestras interrogantes para satisfacer nuestra vida interior, esforzándose el hombre por hallar y explorar otras realidades, por acceder a otros planos de consciencia para poder descifrar los enigmas del ser y del devenir. Búsqueda a lo Uno que a través de nuestra historia ha tomado caminos innumerables, tantos como aventuras de la imaginación, surcando las rutas más imprevistas: la ascesis, la contemplación, la vía del poder, la del discernimiento, la de la acción consciente y desinteresada, la del amor, la de la devoción, la de los psicodélicos, la del rito y los misterios, la del trance místico, la de las artes, la de la renuncia, la de la iniciación, la del peregrinaje que narran los libros sagrados, la de la sexualidad sacralizada y tantas otras. Y seguimos buscando hacia dentro y hacia afuera, tanteando métodos y sistemas, recurriendo a todo procedimiento que pueda darnos una respuesta. Surcando la vía dura y del solitario ascetismo; la vía de la entrega incondicionada; la vía del esfuerzo y también la quietud que preconizan los taoístas. Perdiendo al final siempre la vida en el intento, pero siguiendo adelante, valerosamente, en un peregrinaje infatigable, lo que tiene mucho de heroico. El músico Morrisey, la voz de “First of the gang to die” y “Meat is murder”, en su tercera visita a Chile paseó y comió pizza en las calles de Santiago, se mostró cercano con todos quienes se acercaban a pedirle ser fotografiado con él o algún autógrafo, muy cordial. Se compró en tienda de diseñador local las tres camisas que ocupó y se cambió en escena durante el show de ochenta minutos que mostró, con sus jeans oscuros sin cinturón, y zapatos sintéticos, nada de cuero, muy involucrado en su proclama. Lo vi cantar 19 temas, abrió con algo de The Smiths, “I want the one I can’t have”, que inició un repaso por su catálogo sin tiempo para oír “Suedhead” o “Alma matters”, por ejemplo, en cambio ofreció la inédita “People are the same everywhere”. Intercaló hits como “You’re the one for me, fatty”, “There is a light that never goes out” y “Everyday is like sunday”, con temas para iniciados en su música, como “I will see you in far-off places”, cerrando con otro tema que grabó con The Smiths, “How soon is now?”. Con su forma de arrastrar las vocales acompañado de teclados electrónicos, clarinete, acordeón, 3 guitarras, batería, pandero y un gong, a ratos sonidos ultrasónicos, cercanamente espaciales, siempre se escucha muy entonado. Seriamente posando, en el suelo de espaldas al público, hincado a ratos, de frente bendiciendo y bendiciéndose, sin verse en momento alguno poco serio, ni aún cuando toma la gruesa cadena de plata al cuello con su gran cruz labrada que acaricia o besa ni cuando cuelga a su cintura una bandera chilena que alguien del público le tira, ni cuando imita con sus brazos el vuelo de una gaviota, eleva las manos al cielo, reverente, o imita con su rostro caras antiguas que suelen verse talladas en la piedra. Potente Morrisey, al abandonar Chile dijo que se iba feliz, porque mostró el espectáculo que quería. En lo personal, viéndolo rescaté música que tenía en mi discreta memoria histórica. Anoche fui al Estadio Nacional a ver a Roger Waters, que regresó por tercera vez a Chile, ahora para mostrar su show The Wall Live, que monta en Santiago hace más de una semana el ex bajista de Pink Floyd.Fue un espectáculo sobrecogedor. No hay caso, sigo adicto a mi música de juventud. © Waldemar Verdugo Fuentes.